Santiago Solari, ex entrenador del Real Madrid.
Santiago Solari, ex entrenador del Real Madrid.

Alba Carrillo no tiene la culpa de lo mal que le va al Real Madrid. Ni ella ni ninguna mujer. El linchamiento al que se ha visto sometida la modelo por el simple hecho de ser mujer es denigrante. Hace unas semanas las portadas de las revistas del corazón mostraban unas fotografías de Alba junto a Courtois, portero del Real Madrid. Comenzaron entonces un sinfín de críticas que achacaban la mala racha del equipo blanco al supuesto noviazgo del futbolista con Carrillo. Esta chica puede caer mejor o peor, habrá quien considere que busca rentabilizar sus amores y habrá quien crea en su enamoramiento. Es un personaje público y todo el mundo tiene derecho a opinar. Pero sin sobrepasar los límites. Con lo que nadie debería estar de acuerdo es con que ni Alba ni ninguna otra mujer reciba mensajes como los que ella hizo públicos el pasado 8 de marzo. “La culpa es de Alba Carrillo, demasiadas mamadas para un belga”, “Doña Alba Carrillo reventando 117 años de historia”, “zorra” o “buscavidas”.  (Por cierto, luego las redes sociales censuran fotos de desnudos y esto lo permiten).

La chica ha explotado, y con razón. Quizá se le ha ido un poco de las manos al utilizar palabras de mal gusto a la hora de defenderse. Pero ha hecho lo correcto al plantar cara al mundo del fútbol, a un club con poder y a quienes aunque sean deportistas y tengan dinero han decidido libremente mantener una relación con ella. Ya era hora. Porque este es otro de los grandes temas de este deporte, que a según qué equipos se les puede decir de todo mientras que otros son intocables y encima permiten según qué comportamientos hacia las mujeres.

El fútbol y las mujeres es uno de los grandes ejemplos de machismo. El de Alba Carrillo no es un caso aislado. Tan solo hay que recordar cuando la selección española comenzó perdiendo en el Mundial de Sudáfrica y todas las culpas fueron hacia Sara Carbonero. Muchos aseguraron que el hecho de que Iker Casillas estuviera desconcentrado era porque su novia trabajaba a pie de campo, y eso no le permitía al portero hacer bien su trabajo. Días más tarde España se proclamó campeona del mundo. ¿Dónde estaban en ese momento los titulares y comentarios que aseguraran que la culpa de la victoria de los españoles era de Sara Carbonero? Hace un año pasó lo mismo con la actriz Sara Sálamo y su novio Isco, también jugador del Real Madrid. Como no era el mejor momento del futbolista, la culpa recayó sobre su pareja.

En resumen, que cuando un jugador de fútbol pasa una mala racha laboral y tiene una pareja conocida, guapa y con éxito, la culpa es de ella. Y no solo se tacha a estas mujeres de culpables. Por si no fuera suficiente reciben una serie de descalificativos de lo más machistas que vienen por la obsesión de algunos con el fútbol, por la ceguera que provoca tomarse este deporte más allá de lo que es, un deporte y no algo con más importancia.

Esta va a parecer una explicación para tontos pero resulta necesaria viendo los ataques injustificados que sufren algunas mujeres. Si un equipo de fútbol va mal, si no deja de perder, si sus jugadores están desconcentrados, no es culpa de una mujer. Lo mismo que si va bien. Es culpa de quienes forman parte del equipo. La pena es que hay ocasiones en las que los protagonistas masculinos de la historia no salen en defensa de estos comentarios. Todo lo contrario. Y teniendo en cuenta la influencia que ejercen los futbolistas en jóvenes y niños, luego no nos extrañemos de que haya machismo a edades tempranas.

Una pena que el fútbol sea así. Tiene esa paradoja de ser el deporte más rentable de nuestro país y al mismo tiempo el más machista. Tanto en el campo como fuera de él. Tanto con las que juegan al fútbol, como con las aficionadas, como con las parejas de los futbolistas o como con las profesionales del sector.

De momento Solari ya está fuera y seguro que con menos sufrimiento que Alba. Mucho han tardado.

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