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A pesar de las denuncias interpuestas con meses de antelación, de los avisos y de las imágenes publicadas en las redes sociales durante semanas, todo fue culpa de las lluvias.

No voy a descubrir yo ahora que el golpetazo de agua que cayó la pasada semana sobre Jerez en nada de tiempo fue espectacular. Tampoco creo yo que haya que ser ningún adivino de madrugadas televisivas para vislumbrar que este tipo de situaciones se van a repetir en más ocasiones de las que pensamos. Es evidente que gran parte del daño producido era inevitable debido al ingente volumen de agua que cayó. Pero de ahí a querer echarle toda la culpa a la madre naturaleza de todo lo que pueda salir mal en una situación como esta, va un mundo. Al igual que siempre es bueno que haya niños en casa, también es bueno que caiga un súper chaparrón de vez en cuando para ocultar nuestras carencias o miserias, que de eso vamos sobrados.

La calle Granada posiblemente sea una de las grandes desconocidas del centro histórico, es más, seguramente muchas personas ni siquiera sabían de su existencia. Ubicada entre el Arco del Arroyo y la cuesta del Espíritu Santo, tras la primera línea de casas que se encuentran en el Arroyo, es una calle de trazado irregular, de esas típicas que se ensanchan o se estrechan continuamente y en la que, por supuesto, vive gente. Pues bien, prácticamente adosada al lienzo de la muralla se encuentra una casa grande, muy grande, en el propio recodo que la misma calle forma antes de encarar el Arco. En esa casa, desde hace algunos años, se encuentra trabajando una empresa de construcciones que la utiliza como almacén de materiales y de maquinaria de obra, camiones incluidos. No perdamos de vista que se trata de una zona puramente residencial en la que se ha venido desarrollando una actividad de tipo industrial y sin licencia para ello. Vamos, la madre de todos los chanchullos. Si pensamos que sólo hay piratas en la hostelería o en negocios asociados al turismo, está claro que nos equivocamos ante personas que, como se ha comprobado, no dudan en ejercer clandestina e ilegalmente una activad aun a costa de poner en peligro la integridad tanto de los vecinos como de los propios trabajadores que allí se encuentran.

Trece horas después del aguacero parte de la estructura de esa enorme finca se vino abajo, no afectando de milagro a quien pudiera transitar por allí. Posiblemente el desconocimiento de la existencia de la calle favorece que no ocurran más desgracias de la cuenta. Pero ¿se derrumbó sin previo aviso? Rotundamente, no. El pasado mes de febrero, ese mismo edificio sufrió un gran desprendimiento, durante el cual los escombros llegaron a enterrar los bancos que se encuentran en la plazoleta que se forma justo al lado del Arco del Arroyo. La asociación de vecinos del centro histórico ha venido denunciando en varias ocasiones las irregularidades que se cometían allí y el estado de conservación de la finca. De hecho hay dos escritos registrados en la sede de la delegación de Urbanismo durante ese mismo mes alertando de la situación, pero la dejadez, y quién sabe si otras cosas más oscuras, ha consentido que los escombros no se llegasen ni a retirar siquiera, por lo que llevamos todo el año ofreciendo una imagen absolutamente lamentable y vergonzosa a todos los que accedan al casco a través del Arco, que por otra parte se muestra invadido por hierbas de una forma salvaje sin que se mueva un solo dedo por arreglarlo.

En redes sociales hemos visto durante semanas cómo se denunciaba el estado del alcantarillado y los imbornales, de la misma manera que se denunció hace meses y por los cauces oficiales la situación de la finca de la calle Granada. Por eso no se entiende que los políticos de un partido supuestamente de izquierda salgan en defensa y se erijan en portavoces de la empresa concesionaria de la gestión del agua. Tampoco se entiende que cuatro asesoruchos de tres al cuarto, que no necesitan otra capacitación que la de ser familiares de o estar sometidos al partido tal durante toda su vida para cobrar un sueldo sin haber concurrido a pruebas basadas en los principios de igualdad, mérito y capacidad (¿sabremos en Jerez algún día qué significa eso?), aparezcan dando lecciones de gestión del campo que sea, cuando no tienen ni puñetera idea de lo que significa esa palabra.

La calle Granada se muestra desolada, como si una granada hubiese caído de pronto sobre ese edificio. Lo podéis ver en la acera frente a la cual se encuentra la bolsa de aparcamientos que se sitúa junto a la Puerta del Arroyo. Sin embargo todo parece indicar que ha sido culpa de la madre naturaleza. A pesar de las denuncias interpuestas con meses de antelación, de los avisos y de las imágenes publicadas en las redes sociales durante semanas, todo fue culpa de las lluvias. Siempre es bueno tener niños en casa a los que poder culpar cuando algo huele mal. Lo peor es que en Jerez hay tantas cosas que huelen mal, que no hay niños suficientes en toda la ciudad para tapar tanta peste con esas vanas excusas.

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