Kropotkin, en su estudio.
Kropotkin, en su estudio.

En el 100 aniversario del fallecimiento de Piotr Kropotkin, 1921–2021

En el periódico anarquista Bandera Libre de diciembre de 1920, editado en Cádiz, trabajadores gaditanos y de El Arahal ponen un anuncio con el título “Pro – Kropokine”, en el que informan de que hay una suscripción abierta para recoger dinero para el libertario ruso. Al igual que se recaudan fondos para compañeros despedidos, en prisión, o para huérfanos de luchadores obreros... se intenta sostener al geógrafo ruso, que se halla viviendo en condiciones penosas junto a su compañera y su hija en la aldea de Dmitrov, a 65 kilómetros de Moscú. Para los anarquistas andaluces de esos años, Kropotkin es un compañero más, al que socorrer con algo de dinero para alimentos o para leña.

Pero, ¿qué pasó a lo largo de los años para que este noble ruso, geógrafo, intelectual... conectase tanto con el proletariado andaluz? Está claro que Kropotkin era un desclasado —había pertenecido al cuerpo de pajes del Zar y renunció a la vida de aristócrata—, pero su lejanía geográfica —Rusia, el exilio británico y francés...— podía haber sido una barrera para conectar con el movimiento obrero andaluz y español.

Dos razones potentes posibilitaron el encuentro entre el padre del anarcocomunismo y la clase obrera organizada andaluza:

  • En primer lugar, la aceptación de lleno de los planteamientos del comunismo libertario entre los anarquistas andaluces. ¿Cómo no iban a abrazar las ideas de propiedad colectiva y de apoyo mutuo trabajadores que estaban acostumbrados desde la infancia a compartir el lebrillo, al cuchará y paso atrá, al trabajo comunitario, a poner el pañuelo para recoger unas monedas cuando a un hermano de clase le hacía falta llevar a un chiquillo al médico o llevarle un canasto a la cárcel? Las prácticas populares de apoyo mutuo en Andalucía, especialmente arraigadas en el medio rural, suponían una confirmación en la práctica de las tesis del comunismo libertario. “A cada uno, según sus necesidades; de cada uno, según sus capacidades”.
  • La labor abnegada y continuada del anarquista gaditano Fermín Salvochea, que editó el periódico El Socialismo desde Cádiz, entre 1885 y 1891, y desde el que difundió ampliamente las ideas de Kropotkin, haciendo traducciones de sus artículos y libros del inglés. Salvochea consiguió introducir los planteamientos del comunismo anarquistas entre los ambientes ácratas españoles, que debatían con las ideas del anarcocolectivismo de Bakunin.

Desde finales del siglo XIX, pues, la imagen de Kropotkin pasará a presidir las sedes de sindicatos y ateneos libertarios, junto a la de Bakunin y la de Proudhon. El impulso del geógrafo ruso se quedó ya para siempre en los corazones y en los anhelos de la clase obrera andaluza. Tanto es así, que en enero de 1933 tienen lugar los sucesos de Casas Viejas, un intento insurrecional de los jornaleros para implantar el comunismo libertario, pero que también se reproduce en La Rinconada, y en algunos pueblos de La Rioja. Durante unas horas, los obreros acariciaron su sueño de abolir la propiedad y poner en común los bienes para el pueblo.

Las ideas kropotkinianas, incluso, influyen en el debate ideológico andaluz de las primeras décadas del siglo XX más allá de las filas ácratas, como en el caso de Blas Infante, que se mostró más próximo al evolucionismo cooperativo del científico ruso que a las tesis del neodarwinismo, como puede observarse en su obra el Ideal andaluz (1915).

Las ideas de expropiación, producción descentralizada y de gestión comunal de las tierras y de las fábricas, que el ruso describió excelentemente en su obra La conquista del pan (que tuvo amplia difusión entre la clase obrera de aquí) arraigaron profundamente en la psicología de los/las trabajadores/as de Andalucía, especialmente en el medio rural. Esta dirección hacia el comunismo libertario cristaliza de forma vigorosa y unánime en el Congreso de la CNT de Zaragoza de Mayo de 1936, que establece en un dictamen cómo habrá de ser la futura sociedad anarquista, de carácter revolucionario, y organizada mediante colectividades de trabajadoras de forma federal y sin Estado.

Como colofón, el 19 de Julio de 1936 se da el fenómeno conocido como Revolución Española, en el que gran parte de las propuestas kropotkinianas se materializan mediante la colectivización de campos, industrias y servicios, en lugares como Cataluña y Aragón, pero también en Andalucía Oriental. Kropotkin no vivió para verlo, pero sus hermanos sí fueron capaces de recoger la cosecha que él sembró.

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