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La justicia social es laica, y la caridad un clericalismo imperdonable. Creo que estamos en un profundo error, porque ambos conceptos no son excluyentes, al contrario, inclusivos y necesarios. 

Desde hace unos años  —demasiados ya—, se viene considerando a la justicia social como algo contrapuesto a la caridad. Como si lo primero fuera bueno y deseable, moderno, incuestionable, mientras lo segundo, paternalista, intolerable antigualla de sacristía. Desde los más diversos sectores sociales se pide justicia y una vida digna para todos, y queda uno divino de la muerte. No se permite menos. Si, en cambio, se predica caridad, el gesto se tuerce.

La justicia social es laica, y la caridad un clericalismo imperdonable. Creo que estamos en un profundo error, porque ambos conceptos no son excluyentes, al contrario, inclusivos y necesarios. La justicia social consiste en dar a cada uno lo suyo. ¿Y qué es lo “suyo de cada uno”? Esto daría para mucho, pero podríamos llegar a un rápido acuerdo: que cada ser humano se provea con un mínimo vital para llevar una existencia digna. Para esto, es necesaria la solidaridad social, impuesta para aquellos que tengan escasa gana de contribuir, articulada por el Estado —única dotada de potestas—, que garantice la distribución de la riqueza, en favor de los más desfavorecidos.

Esta solidaridad ha de estar articulada, organizada. La caridad juega en otra liga. Nos concierne de manera personal, individual; no repartimos de la bolsa común, tienes que dar de lo tuyo. Un solidario activista de la justicia social puede ser un egoísta compulsivo, mientras que una persona profundamente caritativa, difícilmente estará en contra de la justicia social. Mientras ésta consiste en repartir del todo a la parte, en la caridad lo mío es tuyo. Pequeña diferencia.

Ahora disciernan sobre lo que cada uno de ustedes está dispuesto a dar de lo suyo; no sólo dinero —que también—, sino algo incluso más valioso: tiempo. La labor de Cáritas tiene esta necesaria doble dimensión: clama por una justicia social que solape la economía del descarte, y predica la caridad, apelando a la conciencia y generosidad de cada uno para con su prójimo. ¿Qué estás dispuesto a dar? Te esperamos. No tardes.

Manuel Pareja, secretario general de Caritas Diocesana de Asidonia-Jerez.

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