José Paúl y Angulo y Ramón de Cala en los 'Episodios Nacionales'

Paúl conoce al general Prim a principios de 1868 en Londres, donde el militar se encontraba exiliado, en uno de sus viajes a esa ciudad relacionados con el negocio familiar

José Paúl y Angulo, en una imagen de archivo.
José Paúl y Angulo, en una imagen de archivo.

Siempre me ha llamado la atención por qué en Jerez hay una calle que se llama “Paúl”, pero no “José Paúl y Angulo”, amigo y correligionario de Ramón de Cala, al que esta ciudad ha dedicado una calle y un busto. Ambos, junto al gaditano Ramón Salvochea, estuvieron unidos por las mismas ideas y acción política, las del republicanismo revolucionario.

En Jerez sí se encuentra una calle denominada Paúl, dedicada a su padre, que en 1840 cedió unos terrenos —entonces situados en las afueras de la ciudad— para abrir esa vía. A cambio el Ayuntamiento acordó darle su nombre. Paúl y Angulo había nacido en 1842 en el seno de una familia acomodada: su padre había creado su propia bodega —también poseía viñedos— y en 1866 era una de las principales casas exportadoras de vino de la comarca jerezana.            

Precisamente Paúl conoce al general Prim a principios de 1868 en Londres, donde el militar se encontraba exiliado, en uno de sus viajes a esa ciudad relacionados con el negocio familiar. Para entonces, el joven jerezano era ya un republicano demócrata, como él mismo escribe, "terriblemente impresionado por el cúmulo de injusticias sociales que, erigidas en sistema, a mi alrededor observaba".

Paúl traba amistad con Prim. El militar le pide que lo represente en España en los preparativos de la insurrección que derriba a Isabel II en 1868, La Gloriosa, y así lo hace. Triunfa el levantamiento en Cádiz, al que Paúl se había sumado con un amplio grupo de jerezanos, y éste marcha hacia Jerez y allí forma luego parte de la Junta Revolucionaria Local que preside Ramón de Cala.

Diputado por su ciudad natal a las Cortes Constituyentes tras las elecciones de enero de 1869, pero disconforme con la Constitución promulgada en junio de ese mismo año, que optaba por la monarquía, se une a Salvochea en la insurrección armada de los republicanos radicales que tiene lugar ese mismo año en los pueblos de la sierra de Cádiz, refugiándose más tarde en Huelva. Tras la Amnistía de 1870 regresa al Congreso y es entonces cuando clama contra Prim, a quien considera un traidor a la causa republicana, ya que está a punto de traer a España a un rey italiano.

Dirige el periódico El Combate, donde en 1870 publica un llamamiento para derrocar a Prim. El 27 de diciembre de 1870, a punto de llegar a Madrid Amadeo de Saboya, que reinará dos años, el general y jefe del Gobierno es asesinado en Madrid en la calle del Turco, hoy Marqués de Cubas.

Desde el ensayo histórico de Pedrol Rius, el más completo estudio dedicado al atentado en1960 se ha señalado a Paúl y Angulo como ejecutor material del asesinato al frente de un grupo de nueve republicanos, con la complicidad del duque de Montpensier, cuñado de Isabel II, quien sería en última instancia el instigador del mismo, probablemente también junto con el general Serrano.

Sin embargo, se han podido demostrar una serie de importantes irregularidades en el juicio de Paúl, cuya busca y captura se decretó inmediatamente. Tampoco hubo autopsia del cadáver de Prim, y, según una investigación llevada a cabo en 1912, se han encontrado en el cuerpo momificado del general señales de un estrangulamiento posterior al atentado.

Todavía en julio de 1885, casi quince años después del crimen, el juez instructor de la causa reitera esa orden de búsqueda de Paúl y Angulo como "presunto coautor" del asesinato, porque tiene noticia de que ha penetrado en territorio español desde Francia, donde se había exiliado desde el primer momento, lo que contribuyó no poco a que se le considerase culpable. Él siempre negó haber participado en ese crimen.

En un testimonio de primera mano, ya que el novelista vivió los hechos que narra, Pérez Galdós, en su Episodio nº 42, el titulado España trágica, capítulos XXV y XXVI, describe el ambiente en Madrid antes del atentado y habla de Paúl y Angulo —al que quizás conociera personalmente—, describiéndonos su aspecto y personalidad, al igual que menciona en más de una ocasión al paisano, amigo y estrecho colaborador del jerezano Ramón de Cala, al que llama “Ramón Cala”. D. Benito sin duda admiraba a Cala y está claro que le resultaba mucho más simpático que Paúl, que sentía un odio profundo contra Prim, por el que Galdós sentía verdadera devoción.

De Ramón dice en el Episodio nº44, La Primera República, cap. 10, hablando de los republicanos:

“…Tanto Quintero como Cala eran fuera de la política caracteres de dulce trato, fáciles a la amistad, esquivos para todo lo que no fuera correcto y digno. Detrás de sus vociferaciones no lució nunca la menor chispa de ambición. Mantuviéronse incorruptibles en toda su vida política; ni por nada ni por nadie cedían un ápice de su intransigencia huraña. De ellos decía Nicolás Estévanez -amigo también de Paúl y Angulo- que eran los energúmenos más angelicales que había conocido.”

En cambio Paúl, director de El Combate, periódico desde el que ataca a Prim y a sus seguidores con proclamas incendiarias, e incluso con amenazas de muerte, se enfrenta, trabuco en mano, un día sí y otro a “los de la Porra”, matones contratados por Felipe Ducazcal, diputado a Cortes y ferviente partidario del general y jefe del gobierno, como lo fue D. Benito. El Combate, abrumado de denuncias y multas, acaba por cerrar.

El escritor describe así la vestimenta del jerezano, a punto de batirse en duelo con Ducazcal, al que no llegó a matar:

…iba envuelto en luenga capa de paño verde, con larga esclavina y cuello alto. Sobre este campeaba un sombrero de alas anchas…

Cuando se quita la capa,

…Quedó la figura escueta, con zamarra, pantalón de pana y botas altas.

Según la orden de arresto, era alto, con la barba roja, gafas blancas y otras veces azules, voz bronca, algunas veces capa y bufanda al cuello.

Las afirmaciones del líder republicano Pi y Margall de que se movía por Madrid por "tabernas de la más baja estofa", rodeado de "gentuza", "víctima del fanatismo y de los excesos en la bebida", son básicamente corroboradas por Galdós. Desde su primera juventud se había ganado fama de fanfarrón, jactancioso, apasionado, bravucón y duelista, de hombre que no se achantaba ante nada ni nadie. Pero en ningún momento llega el autor canario a afirmar que estuviese realmente implicado en el asesinato de Prim, aunque en los siguientes capítulos no vuelve a mencionarlo, cosa que sí hace reiteradamente con Ramón de Cala.

Diego Caro Cancela ha descartado totalmente esta implicación. Por tanto, si no una calle en su ciudad de origen, quizás Paúl y Angulo no mereciera el exilio: se dedicó en ese tiempo a propagar sus ideas republicanas por Sudamérica y fundó incluso una colonia vitivinícola en Argentina, al norte de Buenos Aires: la colonia Nuevo Jerez, en la que se asentaron treinta familias de nuestra ciudad en 1889 con el propósito de plantar viñas al estilo jerezano. Tal vez tampoco mereció una muerte prematura a los 49 años ni un entierro casi en soledad en el país galo.

Lo que sí da a entender D. Benito, a pesar de que él mismo fue liberal, laicista siempre y luego republicano de izquierdas, es que las maneras soeces de Paúl, como él las califica, su voz destemplada, su forma audaz, insultante y violenta de escribir y de actuar pudo haber sido motivo de que fuese enseguida considerado como autor material del atentado.

Todo ello lo convirtió en perfecto chivo expiatorio, en los convulsos años de finales del XIX en España, de una oscura trama política todavía no desenmarañada del todo.

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