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Tú puedes pedir cuatro por el alquiler de tu local, pero si de diez que vienen a preguntar diez te ofrecen dos, te pongas como te pongas, va a ser que el precio real de mercado está más cerca de dos que de cuatro.

En Jerez hace tiempo que triunfa una corriente anticapitalista. No se trata, no, de la corriente política actualmente integrada en Podemos, hablamos más bien de algo que está en las antípodas, hablamos de la actitud que mantienen buena parte de los propietarios de locales comerciales, con los del centro a la cabeza por simples razones de visibilidad.

Al margen de la indiscutible mala situación económica por la que atraviesa la ciudad, resulta cuando menos chocante ver cómo un número significativo de locales permanecen cerrados más bien porque sus propietarios piden cantidades desorbitadas para los tiempos que corren o exigen, cuando llegan las fechas, renovaciones muy onerosas a los negocios allí ya instalados (la última, según ha trascendido, la marcha de una gran cadena de ropa de la calle Larga), negocios que, en la gran mayoría de los casos, son los que han tirado para arriba del inmueble, no la habitual labor pasivo-rentista de su propietario. Bien, cada uno hace con su patrimonio lo que le parece e incluso, parafraseando aquella estupenda sentencia popular, “manda en su hambre”, pero está claro que un principio –vale, un supuesto- clave del sistema capitalista, el de la oferta y la demanda, por lo que sea, es relativo en Jerez. Tú puedes pedir cuatro por el alquiler de tu local, pero si de diez que vienen a preguntar diez te ofrecen dos, te pongas como te pongas, va a ser que el precio real de mercado está más cerca de dos que de cuatro, lo dice el simple hecho de ver locales que permanecen cerrados año tras año recogiendo al final ni cuatro ni dos, sino cero. Un contrasentido que además supone un plus de desolación en una ciudad que acaba transmitiendo una imagen aún peor del momento por el que atraviesa.

El alquiler de un local en el centro de Jerez tiene que costar un dinero, claro, pero la calle Larga, mal que nos pese, mal que les pese sobre todo a los propietarios de los locales, no es la Quinta Avenida ni los Campos Elíseos o Serrano, basta con abrir los ojos y echar un vistazo fuera del local al paisaje, ah, y al paisanaje…

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