Moreno, de excursión por los montes de Ronda esta semana.
Moreno, de excursión por los montes de Ronda esta semana.

El buen político debe saber leer las señales que emiten los diversos poderes institucionales de acá y de acullá, el resto de fuerzas políticas, la sociedad civil, los agentes sociales y la diversidad de poderes económicos en España, en Europa y en el mundo. Si no se ven las señales o no se interpretan a la luz de los contextos la incapacidad para la acción y la propuesta se manifiesta en ir por detrás de los acontecimientos.

Vivimos una pandemia que ha descorrido de un tirón la cortina que ocultaba la destrucción de lo público con la sanidad como símbolo. Son hechos probados. Hechos probados son que vivimos en una Europa desindustrializada con incapacidad productiva de material sanitario en abundancia. No digamos en España, dedicada al turismo y el ladrillo por orden una integración en la UE que nos desposeyó de la economía productiva industrial, y que por el arte del birlibirloque felipista/aznariano entregó las joyas de la corona públicas (telefónía, banca pública, empresas de combustibles y suministro eléctrico) a manos privadas con residencia en el IBEX35. ¿En Andalucía? Multipliquen por cuatro y sumen el expolio de capital humano, capital natural y capital monetario, no nos queda ni un solo instrumento financiero de carácter público.

Hechos probados también con tinte de drama en España, de tragedia en Andalucía, que la desindustrialización, que fabriquen otros, junto con los monocultivos del turismo low cost, la construcción desaforada para vender pisos en las playas, la conversión de los centros urbanos patrimoniales e históricos en parques de atracciones con bares, restaurantes y tiendas de souvenirs made in China o India, la promoción de las grandes superficies comerciales, la inmensa mayoría de capital extraño a nuestra tierra, ha provocado un éxodo de cerebros formados en nuestros institutos y universidades directamente proporcional a la precariedad laboral de cajeras, reponedoras, camareros, kellys, repartidores, albañiles y toda clase de trabajadores de la madera, el metal o los servicios públicos en un sentido amplio, desde sanitarios hasta educativos. Hechos probados.

Hechos probados que la pandemia de la covid-19 es como si sobre Andalucía hubiese caído una bomba de neutrones. Todo sigue en pie pero huele a vacío y cerrado.

Hechos probados que tenemos un gobierno andaluz que no ventea en el aire los nuevos tiempos para los que la Comisión Europea parece estar dispuesta a inyectar euros en las economías nacionales. Su ceguera olfativa es notoria. Durante el estado de alarma ha aprobado por la puerta de atrás, en la diputación permanente de la cámara andaluza (con los votos de PP/Ciudadanos y Vox), un decreto ley que bajo el eufemismo de Mejora y Simplificación de la Regulación para el Fomento de la Actividad Productiva lo que propone es volver al país de Jauja que hizo que la crisis de 2008 la sufriéramos como nadie y que, aún sin recuperarnos, la crisis del covid-19 haya dejado aquí el doble de paro y desolación que en resto de España. Exactamente lo mismo que pretende otra ley de mentiroso nombre, como la que se va a tramitar por la vía urgente, para hurtar una vez más el debate social y parlamentario, llamada “de Impulso a la Sostenibilidad del Territorio de Andalucía.” Hechos y ceguera olfativa que hacen que la política andaluza sea despreciada en los debates de estado.

Cuando el consejero andaluz de economía, Rogelio Velasco, el que dijo recién nombrado que los 600.000 empleos prometidos por el PP era “una forma de expresarse durante una campaña electoral”, ha visto en la prensa que, contra lo votado por su partido y Vox en el parlamento europeo, la Comisión Europea prepara un presupuesto de 750.000 millones de euros, la mayor parte de inversión directa y en su totalidad de procedencia mancomunada, de los cuales 140.000 millones corresponderían a España, levantó la mano en la prensa pidiendo la parte que le corresponde para Andalucía. Ocupados el presidente Moreno y el vicepresidente Marín en gestionar miseria económica presupuestaria con grandilocuencia mediática, y en regalar a Voz la presidencia de la mesa de reconstrucción en el parlamento andaluz, para reventarla en su primer acto, no olfatean, como no lo hace su consejero Velasco las moléculas de la condicionalidad que ya se insinúan en las inversiones europeas que sustentarán los acuerdos de reconstrucción. Moléculas que son inmiscibles con sus renovadas ilusiones de turismo y ladrillo para volver a las andadas y volver a lastrar con monodependencia la economía andaluza.

Si bien es verdad que las condiciones asociadas a los futuros fondos de transferencia europea no están decididas, los mensajes directos y las entrelíneas están definiendo ya el campo de juego europeo. El campo de juego va a tener tiene el color blanco del sector sanitario, el verde de la transformación del modelo productivo y contra el cambio climático, el metalizado de la industria y el gris cerebral de la economía y el conocimiento. No verlo, como no lo ve el gobierno andaluz (ni la oposición andaluza que vive entre sí de espaldas, PSOE y AA no comparten ni pasillos, ni escaleras, ni ascensor), es no ver que las claves de las inyecciones de dinero fresco de fabricación europea son más sanidad, más economía verde, más industrialización estratégica, menos cambio climático, más economía productiva territorializada y menos economía especulativa, menos turismo desaforado y menos construcción sobre territorio intacto.

Y así estamos en Andalucía, como decía la letrilla flamenca, “sentaito en la escalera, esperando el porvenir, y el porvenir nunca llega”. En Madrid la derecha vocifera y da la espantá, mientras en Andalucía gobierna liquidando leyes y creando nuevas para intentar volver a las andadas: turismo, ladrillo, economía extractiva/destructiva y precariedad. Torpeza descomunal que dejará a Andalucía sin infraestructura jurídica para acceder a los dineros de nueva fabricación europea que podrían ir dirigidos condicionalmente a las grandes potencialidades andaluzas de reindustrialización, modelo energético renovable, construcción sostenible, recuperación y rehabilitación de entornos urbanos, viviendas y barrios, movilidad eléctrica y un largo etcétera de potencialidades ignoradas para las que la sociedad andaluza está, es evidente, más capacitada que sus representantes políticos. Hechos probados: “En Andalucía nadie sigue la pista del dinero europeo”. Así nos va.

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