Dicen que existe un pequeño grupo de gente poderosa que es el que decide el destino de todas las demás personas. Puede ser… sólo puedo creerlo o intuirlo: será difícil que pueda acercarme y que puedan o quieran escucharme. Pero estoy rodeada de mercenarios y mercenarias… Mercenarios del poder impuesto: grandes mercenarios, mercenarios pequeños... que os creéis semidioses, carentes de dignidad y que se la robáis a personas inocentes. A personas inocentes que previamente habéis anestesiado y domesticado. Mi anhelo es veros delante de la Justicia, de la Justicia limpia, no contaminada, no comprada ni esclavizada.

No os perdono. No puedo perdonaros. No quiero. No os perdonaré hasta que os hayamos echado y paséis a ser pueblo. Hasta que se haga Justicia y vuelva a las personas lo que les habéis robado y cumpláis la pena de cárcel que os corresponda a cada uno de vosotros y vosotras. Sin indultos obscenos y perversos. Hasta que seáis plenamente conscientes de lo que habéis hecho (aunque algunos/as parezca que nunca tuvieron conciencia). Entonces os perdonaré.

Va a ser muy largo y duro el camino hasta establecer unas condiciones de vida dignas para todas las personas que poblamos este mundo. Porque el odio que habéis generado y alimentado desde siglos hasta hoy mismo será arduo de sanar. Por eso seguramente llegaréis a sufrir lo que habéis provocado: miseria, desamparo, frustración, enfermedad, abandono, desesperación, caos.

Espero poder morir rodeada de paz… vivir la disolución de este miserable ejército mercenario que hemos permitido y saber que la especie humana nunca más va a bajar la guardia, porque ejercerá tolerancia cero a cualquier violación de los derechos humanos. Entonces los componentes de la cúpula de ese poder maléfico desaparecerán por sí solos. Y aunque surjan nuevas cabezas, el gran monstruo no puede subsistir sin vuestro trabajo de mercenarios/as. Por eso sois doblemente viles: alimentáis y mantenéis a los déspotas avaros y esclavizáis, torturáis y asesináis a las personas inocentes.

Soy hermana de esa niña que ha quedado huérfana por el suicidio de un padre parado y desesperado.

Soy amiga de esa profesional cualificada condenada a vender comida rápida en una de esas franquicias.

Soy madre de ese graduado universitario que ha sido obligado a conocer mundo y destierro para no morir de desesperanza.

Soy esa mujer que ha sido apaleada por defender su derecho a protestar leyes injustas.

Soy compañera de esa mujer que quieren meter en la cárcel por manifestarse incómodamente.

Soy vecina de esa mujer maltratada por su pareja, porque ambos han crecido en una sociedad educada en el machismo, la violencia y la sumisión.

Soy hija de esa mujer desahuciada por una entidad bancaria.

Soy esa experta en SIDA que ha muerto en un ataque terrorista al avión en el que viajaba a un congreso internacional.

Soy esa niña de 13 años obligada a casarse con un desconocido de 50.

Soy…

Soy la abuela de ese niño que acabáis de asesinar en Palestina.

Soy la persona que va a morir de hambre dentro de un minuto…

Cada vez que tocáis a alguna de ellas o de sus seres queridos, me tocáis a mí. Porque soy todas ellas: soy persona, madre, hija, compañera, abuela, vecina, amiga…

Olvido, nunca. Justicia, ¡siempre!

Perdón… lo intentaré cuando os echemos, por propia supervivencia y salud.  Ahora necesito de esta rabia. Esta rabia es parte de la energía que impide que me quede en el sofá de casa, formando parte de la “mayoría silenciosa” que tanto gusta a los mercenarios… y al monstruo de cien cabezas al que sirven.

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