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Se avecina tormenta en la ya de por sí zarandeada y vieja Europa a la vista del mes de junio que se vislumbra en el horizonte.

Se avecina tormenta en la ya de por sí zarandeada y vieja Europa a la vista del mes de junio que se vislumbra en el horizonte. No me refiero solo a las elecciones generales 2.0 aquí en España, sino sobre todo al referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en el seno de la Unión Europea, el próximo 23 del presente.

A muchos les tiemblan las rodillas ante el panorama de un “Brexit”, una Europa sin nuestros vecinos más antieuropeístas por antonomasia, no de ahora, sino de siempre. Vivir en unas islas, relativamente lejos de la Europa continental, les da a los británicos un sentido más independiente que el resto de países comunitarios y más proximidad a su “primo musculitos” del otro lado del Atlántico, con quien suele tener mayores afinidades y simpatías que con los carcas de Bruselas.

Esto implica que, a falta de menos de un mes de la consulta y según las encuestas de los medios británicos, el 52% de la población británica tenga la intención de votar “YES”  a la salida de la Unión Europea y, por tanto, todas las alarmas habidas y por haber se hayan disparado de norte a sur, de este a oeste. ¿Imaginan una Unión Europea sin nuestros amigos, los de la flema, el té y los calcetines blancos con sandalias?

Y si ya supone un severo revés a la construcción europea, en nuestro país, donde aún tenemos enquistado el tema de Gibraltar, los sudores fríos perlan la frente de españoles, británicos y llanitos por igual. El mismo Picardo planteó con torpeza y precipitación, la posibilidad de la co-soberanía española de la Roca, desdiciéndose después dada la trascendencia de su reflexión en voz alta, que no hacía sino mostrar a las claras que al gibraltareño le preocupa más un cierre de fronteras con Europa (y sus consecuencias socioeconómicas) más que la bandera que ondee sobre sus cabezas.

Y si se diera el caso de que, en efecto, Gibraltar solicitara la soberanía compartida con España… ¿qué haríamos? Porque son muchos los que, hastiados de tanta soberbia y desaire desde el otro lado de la verja, no dudarían en oponerse a esta fórmula.

Incluso, quién sabe, quizás tuviésemos con el tiempo una propuesta de “Gibrexit” promovida, no por los gibraltareños, sino por los propios españoles (ya muchos), que prefieren estar solos que mal acompañados.

Les ruego no me tomen a mal la broma, pero es que últimamente hay que oír cada idiotez…

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