Las fosas de la memoria

Cádiz necesitaba un mito y fue Cervera quien vino con su cuádriga tirada por la lucha, la constancia y el saber estar. Y no está claro que lo vaya a venir sea capaz de revertir esta situación

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Escritor. 'Los días perros' (La Isla de Siltolá), 'Toda la violencia' (Rialp, Premio Adonais 2020, Premio El Ojo Crítico de Poesía de RNE 2021).

Las fosas de la memoria. En la imagen, montaje subido a Twitter por el Cádiz CF en la despedida de Álvaro Cervera como entrenador del primer equipo.
Las fosas de la memoria. En la imagen, montaje subido a Twitter por el Cádiz CF en la despedida de Álvaro Cervera como entrenador del primer equipo.

«¡Qué buenos somos!», dijo, mientras daba saltos abrazado a su cuerpo técnico. Sin embargo, ahora que lo pienso, no sé si dijo «¡qué buenos somos!» o «¡somo muy buenos!», o quizás las dos, quién sabe, hablo de memoria. Solo recuerdo que lo repetía, «¡qué buenos somos!», «¡somos muy buenos!», «¡qué buenos somos!», «¡somos muy buenos!». Pero no lo eran, no eran ni remotamente la penúltima mejor plantilla de la liga, lo que ocurría era que Cervera tiraba de memoria y sabía que habían obrado un nuevo milagro después de ganar con nueve jugadores sobre el campo en un feudo histórico como San Mamés: derrotar además al Real Madrid en Valdebebas. 

Tan solo ha pasado un año y tres meses desde ese estallido de euforia, pero a veces la memoria compra un billete en ventanilla hacia el olvido y tiende a despegarnos de los símbolos que nos hicieron grandes. Cuando un club modesto, modestísimo, como el Cádiz, logra una estabilidad impensable en otros tiempos de barro y ceniza, sería bueno hilvanar los recuerdos. «Desde los Cádiz míticos no flipo tanto», aseguraba Juan Carlos Aragón en una charla que mantuvo con Cervera en 2017. No sabía el autor de chirigotas y comparsas míticas el flipe que quedaba por venir. Pero sí se acordaba de los malos tiempos, de los años en 2ªB arrastrando la carreta de piedras del ascenso. Hasta esa charla, Cervera había disputado con el Cádiz C.F. diez partidos en 2ªB y una vuelta en 2ª División. El resultado hasta el momento era un ascenso y una 3ª posición en la categoría de plata. 

Alucinábamos todos y nos aferramos a las gafas del entrenador como el niño que se aferra a la mano de una madre. «Er Gafa», lo bautizamos, con todo el cariño del mundo, con todo el afecto que cabe en unas palabras. Y qué difícil es que te bauticen en Cádiz con benevolencia. Pero ya Cervera era más que un entrenador. De su boca salió aquella frase simple que viste todas las paredes del estadio y todos los carnés de los abonados, La Lucha No Se Negocia (LLNSN); de su boca salieron las palabras más sensatas cuando con una plantilla de mitad de tabla se quedaron a las puertas del play-off; de su boca han salido las advertencias más ácidas cuando se mantuvo en Primera holgadamente con la peor plantilla de la competición. Él avisaba, los milagros no se suceden para siempre. 

Que el Cádiz en la actual temporada no es ni un asomo de lo que fue la pasada es un hecho sólido para quizás haberse deshecho del entrenador; que el Cádiz pinta mal quizás es un hecho sólido para deshacerse del entrenador; que la tendencia en el fútbol ante estas situaciones es destituir a los entrenadores quizás sea un hecho sólido para seguir su lógica. Pero ya lo mencioné antes, Cádiz necesitaba un mito y fue Cervera quien vino con su cuádriga tirada por la lucha, la constancia y el saber estar. Y no está claro que lo vaya a venir sea capaz de revertir esta situación. 

Esto no es un panegírico a Álvaro Cervera. Este momento iba a llegar tarde o temprano. Esto es un artículo sobre la memoria, y con Cervera esta directiva (y mucha parte de los aficionados, no nos olvidemos) ha ofrecido poca retentiva. Yo siento pena, lo digo en serio, una pena honda. No me imagino un Cádiz sin él como entrenador, no me imagino a la afición cantando «lololololó XXX», no me imagino a otro técnico dirigiéndose a Fondo Sur con la rabia contenida en su puño derecho, sabedor de que se había dado otro paso de gigante. De Cádiz se va uno de los grandes, y a veces los grandes también se ven relegados a las fosas de la memoria.

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