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Rocío Monedero, profesora y miembro de Podemos Jerez

No hay punto medio. Estoy dentro o estoy fuera. Puedo ser más o menos eficaz en el peso que aporto al lado de la balanza, en el que me coloca cada una de mis acciones, pero no está en mi mano ser neutral. Lo neutral, el silencio que callando otorga, suele colocarse en el lado de la injusticia, en el de la permisividad ante el elemento opresor. Porque sin opresión no hay problema. Y entonces esta reflexión es innecesaria.

La sumisión, la indiferencia, la anestesia, la hipnotización, la ceguera mental y emocional… todo está bien articulado desde arriba. Disponen del poder del dinero y los medios de producción, del poder de la ambición y la avaricia, del poder de las armas y la represión, del poder de los medios de comunicación y el conocimiento… Es tan complejo como nos imaginamos… Y más, seguramente.

Pero también es muchísimo más simple. Es como lo que ocurre con los factores capaces de originar una enfermedad: nunca un solo factor es causa de una enfermedad. La enfermedad A puede originarse por distintas causas: una causa es la asociación de los factores 1, 2, 3 y 4… Otra causa es la asociación de los factores 1, 3, 6 y 9… También puede ser por la asociación de los factores 1, 2, 8 y 15… Con frecuencia uno de esos factores de riesgo está siempre presente, sea cual sea la causa que determine la aparición de la enfermedad A.

Exactamente igual ocurre con las “enfermedades” que afectan a la sociedad, ahora tan globalizada. Hay muchos factores de riesgo de primer orden (los factores 1, 2 y 3 del ejemplo anterior), y algunos de ellos siempre están (el factor 1 en este caso), aunque por sí solos no pueden provocar la enfermedad, pues necesitan estar acompañados de otros factores de riesgo que a veces pueden parecen “inocentes”.

Inocente parece la persona que no protesta que su sueldo no le permite llegar a fin de mes; quien ha acogido en casa a hijos y nietos y se resigna; la que no actúa aunque se vea obligada a aceptar un trabajo de 12 horas durante 6 días a la semana para cobrar 500 euros…

Inocentes son las personas que eligen comprar 3 pares de zapatos a 10 euros, fruto de explotación laboral e infantil, en lugar de un par a 30 euros, de una producción más justa. Inocentes quienes consumen chocolate manchado de sudor infantil en regiones desfavorecidas. O café y azúcar procedente de explotaciones en terrenos robados a la población indígena y esclavizada por la multinacional de turno…

Inocentes todas las personas que gastamos combustible alegremente para pasear en coche. Inocentes las personas que no reclamamos volver a utilizar los envases retornables en refrescos, cervezas y otros productos, lavando nuestra conciencia cuando los llevamos al contenedor de reciclaje… Inocente decisión la de comprar un artículo nuevo porque nos sale poco más que arreglar el averiado, ya pasado de moda…

Los ejemplos anteriores son factores de riesgo “inocente” para las graves enfermedades del planeta: pobreza, esclavitud, hambre, enfermedad y guerra, sequía, analfabetismo, contaminación, fanatismo…; de las que son factores de riesgo de primer orden el desigual reparto de la riqueza y la privatización de los bienes comunes (agua, energía, tierras, alimentos…), patas todas ellas de un mismo mal: la injusticia social. Con más frecuencia de la que imaginamos, es la suma de los numerosos factores leves o “inocentes” lo que fortalece a los factores de primer orden.

Por ello, toda propuesta de solución a estos problemas sólo será eficaz si implica que las decisiones que tomamos, y las acciones y no acciones que siguen, colocan su peso en el lado del bien común, en el del bien de las personas, de los animales y vegetales, del agua que da la vida y del aire que respiramos, pues todo está interconectado en la naturaleza.

Sin remedio, sin más prórrogas y con extrema urgencia hemos de cambiar el modelo de civilización que tenemos y que queremos mantener aunque está llevando a la autodestrucción: consumismo y materialismo, deshumanización de los procesos económicos y de las relaciones entre personas, grupos sociales y Estados.

Es muy simple: todo lo que favorezca la opresión de una persona sobre otra, genera desigualdad e injusticia social. Y ese es el factor de riesgo común que existe en todas las asociaciones de factores que causan las enfermedades sociales que padecemos.

Antes estas enfermedades sociales nos pillaban más o menos lejos; y muchas personas, cuando se hablaba de Programas de Ayuda al Desarrollo, contestaban muy convencidas que eran esos países los que debían salir por sí mismos de su pobreza y sus conflictos violentos, que se movieran, que se rebelaran y cambiaran los gobiernos que les oprimían o colaboraban con los opresores (casualmente “nosotros” o “de los nuestros”).

Ahora nos llega a nosotros la epidemia socioeconómica provocada. ¿Y qué hacemos? ¿Nos rebelamos? ¿Protestamos? ¿Cambiamos gobiernos? ¿Arruinamos empresas con nuestro boicot de consumo? ¿Señalamos y juzgamos a las personas corruptas y a las responsables de la crisis-estafa que nos están obligando a pagar? ¿Les obligamos a devolver lo robado? Reflexionemos los “inocentes”… y actuemos coherentemente. Día a día se hace el camino, granito a granito hacemos masa en uno u otro lado de la balanza, cada decisión que tomamos cuenta: hacer esto o lo otro. En la vida no existe la posibilidad de abstención. Siempre estamos decidiendo, tanto si nos movemos como si no nos movemos.

Y eso se aplica igual cuando nos convocan a unas elecciones. Votar y no votar son decisiones: votar esto o aquello son decisiones. Y votar al azar, sin razonar ni valorar, o por simpatía o antipatía al partido o sus componentes, son también decisiones.

Yo decido votar a un partido que no acepta en sus listas a imputados en casos de corrupción. A un partido que está en contra de los recortes; que defiende los servicios públicos para la ciudadanía.

Yo decido votar a un partido que respeta los derechos humanos. Decido votar a un partido que respeta el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo, y el derecho a la vivienda, a un trabajo digno, a la educación y a la salud.

En definitiva, yo decido votar a un partido que apuesta por aumentar la calidad de vida de todas las personas. Y, por supuesto, que quiere asegurar la protección del medio ambiente. Un partido que parte de la base de que, en todo momento y no sólo en época de elecciones, es el pueblo el poseedor de la soberanía, y que los políticos elegidos son meros representantes de la voluntad de la ciudadanía, a quien se deben y a quien han de responder en todo momento, dimitiendo o siendo cesados automáticamente si no cumplen honestamente con sus funciones.

¿Que no hay ninguno así? ¿Que no te fías de ninguno? Infórmate y decide tu voto para las Europeas del próximo 25 de mayo. Por favor, hazlo con la mayor responsabilidad… porque toda la ciudadanía soportará los resultados. Y si esos resultados son de opresión e injusticia social, serás cómplice. No hay punto medio: o formamos parte de la solución, o formamos parte del problema.

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