Estamos viviendo mentalmente en Auschwitz

Cristóbal Orellana.

Cristóbal Orellana

Licenciado en Filosofía (US), Diplomado en Geografía e Historia (UNED), Máster en Archivística (US), Máster en Cultura de Paz y Conflictos (UCA), de profesión archivero, de militancia pacifista, de vocación libertario, pasajero de un mundo a la deriva.

Campo de concentración de Auschwitz.
Campo de concentración de Auschwitz.

Sin duda el acontecimiento principal del holocausto judío no sería solo la acción genocida de los nazis, sino también el silencio, la complicidad de la sociedad alemana del momento, la cual miró hacia otro lado. Ese silencio y complicidad, no olvidemos que en buena parte fue impuesto por la misma violencia nazi, cerró el círculo de la ignominia humana y dio como resultado varios millones de vidas inocentes segadas por la locura asesina de Hitler y los suyos. La violencia de los asesinos directos y el silencio general de la sociedad alemana, dos hechos de complejo análisis, causaron la muerte de millones de seres inocentes. Las consecuencias éticas y políticas del holocausto judío son, todavía, inmensamente dolorosas. El fascismo, la acción política a través de la violencia y el miedo, es el peor enemigo para la humanidad.

En mi opinión, hoy vivimos en una situación igual. Es decir, estamos viendo cómo los gobernantes de las sociedades ricas de Occidente gastan billones de dólares (alrededor de 2 billones de dólares anuales) en gastos militares -lo que genera unas consecuencias sobre, por citar un caso, letales para el Medio Ambiente-, a la vez que comprobamos cómo la mayoría de la sociedad mira hacia otro lado. Los inmensos gastos militares no mueven a la acción ética y política de casi nadie. Si la gente no tiene empleo, o vivienda, o millones de seres a muy pocos kilómetros de nuestras fronteras no tienen lo mínimo para subsistir, eso nos da prácticamente igual… y no digamos a nuestros ciegos gobernantes, incluso a algunas organizaciones de izquierdas -que deberían levantar su voz pero no lo hacen-.

Los ejemplos son múltiples y claros. Citemos tres de ellos en suelo español: 1) nuestro gasto militar, 2) las bases nucleares, y 3) la fabricación y exportación de armas.

Nuestro gasto militar, el gasto militar español asciende anualmente a unos 20.000 millones de euros (véase: https://www.publico.es/politica/gasto-militar-espanol-volvera-superar-ano-20000-millones-euros.html), una increíble brutalidad si se tiene en cuenta el momento más que difícil por el que está atravesando la ciudadanía. Algunos medios de información críticos se esfuerzan en hacer ver a la población la gravedad del asunto: "España contratará 7.000 militares que no necesita y despedirá a 39.000 sanitarios contratados durante la pandemia que sí necesita", "España es el único de todos los países europeos con más de 100.000 militares que no redujo de manera drástica su número de militares entre 2005 y 2017", "Los cinco países que menos militares tienen por cada 1.000 habitantes son los cinco países que lideran el listado de médicos y enfermeras por cada 1.000 habitantes" (véase: https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/06/09/covid-19-especial-gasto-militar-en-espana-i/)

Las bases de Rota, Morón y Gibraltar tienen, como todos saben, capacidad nuclear, ya que en caso de conflicto, podrían albergar armas nucleares. Y ya de hecho, en las navales, atracan con asiduidad submarinos de propulsión nuclear, alguno de los cuales ha causado accidentes graves en la zona. Las de Rota y Morón fueron pactadas por Franco y Estados Unidos hace tiempo… Franco aseguraba su ensangrentada poltrona a cambio de cederle a los norteamericanos (por lo visto hasta la eternidad) las llaves del Mediterráneo. Y, efectivamente, aquí siguen las bases militares sin que parezca existir un mínimo de dignidad en la clase política española para proceder al cierre de estas instalaciones o, qué menos, a la inmediata retirada de las tropas yankis de Andalucía. Los gobernantes guardan silencio sobre el tema, ocultan las implicaciones que las bases tienen en la política exterior española y maniobran sin descanso para que la ciudadanía mire hacia otro lado o, directamente, crea que EEUU “nos protege” o “nos da algunos empleos”. Lo que hizo Zapatero con el “escudo antimisiles” en el último segundo antes de marcharse del gobierno indica lo que se puede esperar del PSOE en esta materia.

La fabricación en suelo español y exportación de armas españolas está siendo denunciado sin descanso por varias ONGs españolas, como por ejemplo Greenpeace: https://www.tercerainformacion.es/articulo/actualidad/10/09/2020/greenpeace-pide-una-reunion-al-vicepresidente-para-expresarle-su-preocupacion-por-el-papel-de-espana-en-la-guerra-de-yemen/. Los grupos antimilitaristas del norte y de la costa mediterránea también están llevando a cabo acciones para denunciar la gravísima irresponsabilidad de los gobiernos del PSOE y del PP de exportar armas de guerra a zonas de flagrante conflicto: https://rebelion.org/activistas-protestan-en-port-de-sagunt-contra-el-trafico-de-armas-y-el-negocio-de-la-guerra/. En Andalucía se está construyendo una flota de guerra (5 grandes buques militares) en las plantas de Navantia en la bahía de Cádiz con destino a Arabia Saudí. Mayor locura, mayor irresponsabilidad política, no cabe.

Pero volvamos a la consideración general de este breve artículo: ¿qué pasa cuando una sociedad deja hacer a sus dirigentes y mira hacia otro lado para no tener que preocuparse por problemas cruciales, inaplazables, vitales, como el descomunal gasto militar y los millones de víctimas que causan las guerras?, ¿qué pasa cuándo incluso las organizaciones de izquierdas olvidan su compromiso en favor de la Paz y el Desarme?; de nuestros irresponsables gobernantes ya sabemos… pero ¿y cuándo la gente olvida que no es posible la vida humana digna en medio de un baño de sangre en el mundo causado por las sociedades ricas de Occidente que exportan la guerra, fabricando las armas en sus plantas industriales, a tantos países?. Es imposible huir de estas preguntas metiendo la cabeza en un boquete como las avestruces.

Los gobernantes se llenan la boca hablando de Paz, incluso de Educación para la Paz, pero luego despilfarran inmensos recursos económicos de todos en la promoción de las guerras. También algunos políticos de tercera fila, en los ayuntamientos, hacen espléndidas declaraciones y gestos a favor de la Paz a las que luego no ya es que les presten la más mínima atención, sino que son contradichas por sus posiciones respecto a temas importantes como los tres que hemos mencionado más arriba y sobre los que ellos y ellas guardan un calculado silencio (no vaya a ser que sus superiores en el partido les llamen la atención o les recorten el sueldo).

En definitiva, vivimos en una sociedad peligrosa que no quiere ver el peligro evidente del militarismo y las guerras (las víctimas mortales, el despilfarro de los recursos, la degradación ética, la destrucción de los derechos humanos y de la democracia, etc.), una sociedad que mira hacia otro lado (en parte porque así lo quieren los mass media financiados por los poderosos) en vez de posicionarse con determinación frente a la destru8cción planeada de millones de seres y del Medio Ambiente.

A mi juicio, es la misma situación que en Auschwitz… la muerte desatada y el silencio de la mayoría.

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