¡Estamos vendidos en las redes sociales!

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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Desde hace algunos meses, sufro continuos ciberataques en mis blogs. Sospecho de donde puede venir la cuestión. Gente a la que no le gusta lo que escribo y que tienen los suficientes conocimientos para hacerte la puñeta.

Desde hace algunos meses sufro continuos ciberataques en mis blogs. Sospecho de donde puede venir la cuestión. Gente a la que no le gusta lo que escribo y que tienen los suficientes conocimientos para hacerte la puñeta. Lo penúltimo ha sido bloquearme mi cuenta en Facebook. Intentos de entradas con contraseñas erróneas (suponiendo que esperando acertar una para entrar). Eso provoca que Facebook te avise, te bloquee la cuenta, que tengas que cambiar contraseñas y tal.

Pero lo último ha sido denunciarme por nombre falso. He tenido que mandar mi DNI a Facebook para demostrar que soy yo, que existo realmente y que no soy un perfil inventado. Todo esto me ha hecho llegar a una reflexión. Realmente, gran parte de la culpa de esta exposición a los ciberataques la tengo yo. Y os pido que hagáis la reflexión conmigo.

Tengo cuenta en Facebook desde hace siete años. Durante este tiempo he agregado a miles de amigos. Amigos que no sé quienes son. Nunca me preocupé que la gente puede ser mala. Ni me imaginé que entre esos miles de amigos muchos eran perfiles falsos. Y otros tantos, sólo mirones. Gente en silencio que mira lo que haces o dices.

Cometí el error –y miren ustedes si hacen lo mismo que yo– de mezclar amigos de verdad, con compañeros y compañeras de trabajo, del colegio, del instituto, oyentes de la radio donde estoy, aficionados a la astronomía, afinidades políticas y sociales…. y he construido tal potaje que, claro, ahora entiendo que eso tenía que reventar por algún lado.

¿Invitarían ustedes todos a la vez en su casa a su familia, sus compañeros de trabajo y a los antiguos amigos de la mili? ¿De qué hablaríais? ¿Qué les importan a unos las cosas de los otros? Y lo peor. ¿Son ustedes conscientes de que las fotografías vuestras en la playa, en el campo, en la feria, borrachos, bailando, en situaciones comprometidas, las han podido ver todo el mundo? Y digo todo el mundo: incluido el que no está en Facebook. Ya saben. Click. Guardar como. Se graba y se envía por WhatsApp. O por correo electrónico.

¿Se han dado ustedes cuenta que las fotos, ya no suyas, sino las de su familia están al alcance de todo el mundo? ¿Sabían ustedes que cuando a una empresa le llega su currículum vitae lo primero que hace es buscar su nombre y apellidos en Google? ¿Que de momento saben si eres gay, si estás casado, si estás divorciado, si tienes hijos, si bebes alcohol, si sales de noche, qué libros lees, a qué partido votas o pones a parir, que religión profesas, si eres ateo, cuántos hermanos tienes, etc, etc, y más horribles etcéteras?

¿Sabían ustedes que si te peleas con tu pareja, ésta puede tener acceso a todos tus ‘amigos’ y ponerte a caer de un guindo? Y más cosas. Con horror vi como el otro día Facebook me avisaba que fulanito y fulanita estaban cerca de mí. Pues miren. No hay mal que por bien no valga. Borrón y cuenta nueva de Facebook, con las opciones de privacidad a tope. Unas opciones que ya les digo, no son nada fáciles de configurar y que por desidia no lo hacemos. Y ahora, a seleccionar como amigos a quienes conozca de verdad. Y jamás, os prometo, pondré una fotografía mía o de mi familia. Hagan lo mismo que yo. No se descuiden y protejan sus cuentas en las redes sociales, porque si no, estamos vendidos, absolutamente vendidos.

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