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De nada han servido protestas, concentraciones, recogidas de firmas y manifestaciones para poder salvar al Toro de la Vega. 

De nada han servido protestas, concentraciones, recogidas de firmas y manifestaciones para poder salvar al Toro de la Vega. Todo quedó en papel mojado, en un sálvese quien pueda, en una huida hacia adelante bajo las banderas de la cultura y las tradiciones de un pueblo, Tordesillas, que a pesar de sus probados méritos para aparecer en noticiarios por sus excelencias históricas, ahora deambula de informativo en informativo (incluso internacionales) por su mal llamada “fiesta local”.

Que me perdonen los “cultos y tradicionalistas”. Sé que no soy nadie para meterme en las fiestas de un pueblo que no es el mío, pero permítanme que les niegue la mayor cuando esgrimen semejantes argumentos.

¿Cultura? No, disculpe. Cultura es hacer una pintura, o saber interpretarla. Es componer música o saber ejecutarla en una partitura; es escribir o leer con profusión. Sin embargo, me temo que la inmensa mayoría de caballeros lanceros del Toro de la Vega, lo máximo que habrán leído en sus vidas será la portada del Marca… y entre líneas.

El debate del maltrato animal en nuestro país hay que abordarlo y pronto porque, no nos engañemos, nuestra sociedad está dividida. Y está dividida al punto que incluso se debate sobre la conveniencia o no de mantener nuestra “Fiesta Nacional”.

Y al amparo de esa “Fiesta Nacional”, muchos pueblos han arrimado el ascua a su sardina, tratando de hacernos creer que tirar una cabra desde lo alto de un campanario es cultura. Que lancear a un toro hasta la muerte por el simple hecho de verlo morir… es cultura. Que arrancarles la cabeza a gallinas vivas que cuelgan en un cordel boca abajo atadas por las patas… es cultura.

No… no me toquen las narices. Cultura es Velázquez, es Albéniz, es Lorca, es Goya, es Granados, es Cervantes, es Murillo, es Falla… eso sí es cultura nacional.

¿Tradición? Muchas se han perdido con el paso del tiempo a la vez que el hombre se humanizaba más y más. Antes se apedreaba a los judíos, los gitanos y los gays. Y se ha dejado de hacerlo porque era una salvajada inhumana, ¿cierto?

Pues estamos a las puertas de un tiempo nuevo en el que el ser humano se conmueve con el maltrato a los animales… ¿tan difícil es de entender que no podemos mantener tradiciones ancladas en siglos ancestrales y que ofenden a nuestros convecinos? El hombre de hace doscientos años, no tiene el mismo pensamiento que el actual. Hace apenas un siglo la esclavitud era normal y a los africanos se les consideraban seres inferiores; por tanto, precisamos una nueva forma de ver las cosas y una reinvención de nuestras mal llamadas tradiciones.

Porque tradición no es perseguir, atosigar y torturar a un animal por diversión. Tradición es el flamenco, son las fallas de Valencia, es el carnaval, la Semana Santa, las zambombas… y curiosamente, lo que es tradición, es a su vez cultura.

Así que no me vengan con la vieja excusa de la salvaguarda de la tradición de un pueblo. No hay cultura en matar… sea hombre o animal. La muerte, el sufrimiento, la tortura y el tormento no pueden ni deben tener cabida en una sociedad que se llame “moderna”.

En todo caso quedó demostrado una vez más, que los únicos animales del Toro de la Vega iban a caballo y portaban lanzas… o eran politicuchos que miraban para otro lado, imitando al mejor de los Pilatos.

Y es que, permítanme la broma y la alusión a un conocido anuncio… ¡¡estamos asalvajaos!!

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