Aumenta los casos de suicidio entre menores de edad.
Aumenta los casos de suicidio entre menores de edad.

La pandemia ha tenido efectos severos en la salud mental de los adolescentes: los intentos de suicidio juvenil han aumentado un 27% y las tentativas de suicidio en chicas han subido un 200%. Y es que el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural en España desde el año 2008. El suicidio de niños y adolescentes no se visibiliza. Algunos familiares con hijos que se han suicidado destacan la importancia de rescatar sus historias y poner voz, nombre y ante los menores que se quitan la vida con el fin de ayudar a otros niños, adolescentes y a sus familias, tanto a detectar señales que puedan impedir su suicidio como para aprender a vivir tras el suicidio de un hijo/a.

Y es tan importante que pongamos el foco en estas dificultades en salud mental de jóvenes y niños a raíz de la pandemia, porque podemos prevenir los efectos más serios, si llegamos a tiempo. Se puede actuar -con intervenciones basadas en la evidencia sobre los síntomas si aparecen- para evitar la aparición de enfermedades o trastornos más graves. Esto supone hacer una detección precoz en los casos en que ya han aparecido síntomas. Aparte, también es necesario formación y una mejora de la capacidad de los jóvenes para afrontar la adversidad. Este es el mensaje: los suicidios son prevenibles, si actuamos a tiempo, sobre los efectos que tienen sobre la salud mental, el estrés y las medidas de seguridad de la pandemia.

Y yo conocí a Carlos Soto y me contó el suicidio de su hija. Lo hizo en un podcast de y luego lo hizo en una jornada sobre suicidio de la Escuela Andaluza de Salud Pública, en su trabajo activo para prevenir el suicidio. Esa historia de su hija Ariadna me impactó:

"Tuve la suerte, ¡qué paradoja, de comprender, después de leer tu carta, que el sufrimiento que produce la depresión fue lo que te empujó al suicidio. Vimos todo el amor que nos tenías, el cuidado con que hiciste todo. De alguna manera, evitaste que la desesperación se hiciera con nosotros, por eso en ese mismo momento tomé la decisión de quedarme, no podía hacerles lo mismo a la abuela y a mamá.

El shock, que parece que es algo que dura poco, tengo la impresión de que me llevó más de dos años superarlo, en ese tiempo, tu madre, ya sabes cómo es, provocó que fuéramos a terapia de duelo, al psiquiatra, volvimos a tener suerte, nos atendieron profesionales de verdad, nos dedicaron tiempo, empezamos a medicarnos, aún seguimos, contactamos con Red Aipis y con FAeDS, el grupo de supervivientes, asistimos a la primera reunión, éramos los que hacía menos tiempo que perdíamos una hija, fue una experiencia muy gratificante, dura, difícil, pero llena de compañía. A partir de ese momento, decidimos colaborar con ellos a tope, por ti, para intentar que se supiera qué ver, cómo actuar, todo lo que no sabíamos y que seguro que contribuyó a tu marcha.

Durante más de dos años, fuimos como vegetales delante del televisor, saliendo y comiendo gracias a los amigos, que nos llevaban comida, nos sacaban de casa y sobre todo nos escuchaban, compartían nuestras lágrimas, nuestro dolor. Comenzamos a asaltar a todos los famosos que veíamos, reclamando atención sobre el problema del suicidio, el primero, Máxim Huerta, que escribió un artículo y reafirmó con ello nuestra voluntad de luchar por la prevención del suicidio, después muchos más, unos con interés y participando, otras buenas palabras nada más.

Poco a poco, fuimos recuperando cosas, perdiendo el miedo a la risa, a salir a tomar algo, a empezar a hacer una vida algo más normal, a cambiar la desesperación por la tristeza. Ha sido un camino muy duro, afortunadamente, acompañados de gente maravillosa, amigos de verdad que estaban y están, nuevas incorporaciones a nuestra vida, algunas llegaron por el grupo de supervivientes, otras aparecieron como un regalo tuyo, haciéndonos sentir mejor.

¿Cómo estamos hoy? Puedo hablar por mí, hay muchas más cosas que puedo hacer, te siento muy cerca, pero he perdido la ilusión, por casi todo, solo puedo centrarme y moverme en todo lo que tiene que ver con la prevención, como si el resto de cosas ya no tuvieran importancia. He aceptado tu muerte, pero el mundo se me ha quedado muy vacío, trabajo con ello porque tengo la sensación de que si yo no me recupero del todo, te haré sentir culpable, seguramente aún es poco tiempo el que ha pasado, es muy difícil hacerse a la idea de que no podemos seguir manteniendo esas largas conversaciones sobre todo, comentar películas, reírnos de tonterías con ese humor tan parecido que teníamos. Es muy difícil no tenerte, tú que nunca estuviste enferma, que nos enseñaste tantas cosas, que nos diste tanto amor.

Comprendemos que te sentías sola fuera de casa, que todo vino de aquella profesora que te quitó la autoestima, provocando que no vieras como te querían tus amigos, tus compañeros, profesores y todo esto se convirtió en depresión. Ahora sabemos que durante mucho tiempo ocultaste tu dolor para no hacernos daño, hasta que el sufrimiento fue tan enorme que no podías con él.

Por todo esto trabajamos, sabiendo que te gustaría, intentando que esta sociedad se dé cuenta de lo grave que es que mueran más de diez personas al día, sufriendo, cuando podrían solucionarse muchos de los casos. A nosotros nos importan todos los que se sienten así, te vemos a ti en cada uno de ellos, por eso no podemos abandonar la tarea, porque lo único que podemos hacer por ti es contribuir a salvar vidas".

Y ayer me envió @maneldecastillo, gerente de @SJDbarcelona_es un WhatsApp que era un hilo en Twitter y decía así: "Desde hace algún tiempo son cada vez más frecuentes las críticas a las salidas nocturnas de jóvenes. Sin duda se han de tener en cuenta los riesgos de contagio, pero también el impacto que está teniendo la pandemia en la salud mental de los jóvenes. En las últimas semanas en el hospital Sant Joan de Déu de Barcelona estamos atendiendo una media de 4 intentos de suicidio de jóvenes y niños al día (antes de la pandemia 3 o 4 a la semana). Esto es la cifra más preocupante, pero también el crecimiento de los ingresos por trastornos de conducta alimentaria, por ansiedad, etc. Este incremento de casos es solo la punta del iceberg de una situación de mucho sufrimiento que están afectando a nuestros niños y jóvenes. En la fase actual hacer frente a la pandemia require un análisis de un polinomio complejo con diversos factores: por supuesto se ha de tener en cuenta la tasa de contagio o el número de pacientes en la UCI, pero también el impacto en la economía, en la salud mental... Un año de confinamiento para una joven de 15 es una parte muy importante de su vida. Hemos dejado a los niños sin escuela al principio de la pandemia sin ninguna evidencia científica. Y no sabemos aún cuál será el impacto a largo plazo de todo este periodo. Sin duda hemos de pedir prudencia a los jóvenes en sus comportamientos, pero también mesura a las autoridades en sus restricciones. Creo que es hora de poner el foco en nuestros jóvenes y pedir más comprensión con sus necesidades".

Y de allí las respuestas:

@7CesarPascual: "Muy interesante Manel el tema. A pesar de la alarma social con la que se tiende a abordar el fenómeno de los jovenes y sus comportamientosa, a pesar de de los riesgos asociados, es necesario no perder el sentido común y mirar esa realidad con la atención y la preocupación justas. La principal dificultad es cómo incidir positivamente en el contexto concreto de la diversión nocturna del fin de semana donde no existen fórmulas que no pasen por considerar la noche y la calle como elementos de socialización de primer orden. No solo de desorden y molestias. Hay que avanzar en la manera de establecer relaciones y de organizar la sociedad con los más jóvenes, pero sobre todo en las propuestas que podamos hacer a esos ciudadanos, hoy adolescentes, que aprenden a la vez a usar diversión e intentar ser adultos responsables. Y para ello no queda otra que situarse junto a ellos, combinando conocimiento y experiencia con afecto. Será imposible ayudarles cuando tengan problemas si antes no hemos sido capaces de prestarles ayuda cuando estaban en crisis y si no se está cerca de ellos en el día a día. En general los adultos tenemos contradicciones al considerar a los jóvenes como socialmente problemáticos. Algunos apenas pueden dejar de mirarlos inquisitoriamente, incapaces de mirar sin juzgar, cuando los jóvenes suelen emitir primero mensajes y peticiones de comprensión".

@MontalSebastian: "Totalmente de acuerdo. Yo tengo dos adolescentes de 15 y 16 años, uno de ellos con TDAH y aunque lo han llevado los dos muy bien, los parones por confinamiento que han sufrido ha impactado negativamente en su rendimiento académico, por ejemplo. Los médicos de familia que atendemos a los chicos y chicas de más de 15 años, estamos viendo también un incremento de la demanda de ayuda psicológica en esta franja de edad y que difícilmente la Sanidad Publica podrá afrontar".

@Granadoldoia: "Importantísima reflexión, importantísima. Vital en su desarrollo psicoafectivo.Agradecer a @adcbaloncesto , @CBALQAZERES y la @LaBrujaRoja_CC por estar ahí para todos.Conciertos en directo, conexiones online, juegos en red, rutinas de ejercicios".

@entrebanderas: "Lo que sucede con los jóvenes, sus dolencias y problemas a lo mejor no son el resultado de esta pandemia, a lo mejor nos estamos convirtiendo en piezas humanas de una maquinaria cada vez más complicada, más deshumanizada, cómo dice Lou Marinoff".

@figlesiasgarcia: "Difícil polinomio y cierta la repercusión en los jóvenes. Lo cierto que subyace un problema social: ¿Todos los agentes estan preparados a aceptar una reglas que permitan ciertas alternativas? ¿Nos podrían sorprender los jóvenes si tienen la oportunidad de demostrar su civismo?".

Y mientras miro en Twitter encuentro a una médica de urgencias @mjesusglez que dice: "En esta semana he atendido 2 intentos de suicidio en 2 niñas de 14 años. Ambas me han pedido que acabe con su dolor. Lo estamos haciendo fatal como sociedad y como padres. No tengo hashtag ni conclusión ni solución. Sólo comparto porque las llevo a las 2 grabadas. Las 2 niñas contaron llevar meses de no poder más. Ese día no pasó nada diferente, sólo que no aguantaban el dolor. Ninguna sufría abuso, ni pobreza, ni bulling. Ninguna se quería, ambas consideraban q no valían nada. Hay que sufrir mucho para hacerse daño. Ambas habian empezado a actuar raro, a tener problemas en clase, a estar siempre enfadadas. Cambiaron de golpe. Adolescencia lo llamaron".

El suicidio de menores encuentra su caldo de cultivo en la “falta concienciación, visibilización e información sobre este tema. Ahora con el problema de salud mental que nos ha generado la pandemia nos impresiona más ver cómo está aumentando el problema del suicidio en los más jóvenes. Preocupan mucho las conductas suicidas entre los más jóvenes en la pandemia decía el comisionado para la salud mental de la Generalitat Valenciana". Y continúa diciendo: "Las evidencias directas y clínicas indican que hay que tener mucho cuidado con los adolescentes por el efecto en su desarrollo neurobiológico de la formación exclusivamente a través de las pantallas, sin interacción social. Tras el aislamiento, el cerrojazo, las restricciones de la movilidad, nos damos cuenta de que el gregarismo, sobre todo en situaciones de emergencia, tiene un valor notable y más para los jóvenes".

Y me gusta especialmente esta frase suya con la que termina su entrevista en El País: "Hay que dar voz a los pacientes, a los que sufren, y ayudarlos".

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído