Efectivos de la UME, en un servicio de apoyo a las residencias de ancianos. FOTO: Defensa
Efectivos de la UME, en un servicio de apoyo a las residencias de ancianos. FOTO: Defensa

Me pregunto: Por qué han sido las residencias foco de muertes en la primera ola y ahora de nuevo? Que podemos hacer para mejorarlo?

El elevado número de residentes fallecidos (más de 27 mil en la primera ola, entre abril y junio, 65% del total) señala que las residencias mostraron un déficit estructural de recursos y de supervisión sanitaria, y ningún plan de contingencia.

La mitad de las muertes en la segunda ola de la pandemia vuelven a darse en las residencias de mayores. Y aunque se sabe hacer mejor, no se está en la mejores condiciones.

Ahí aparece un informe del CSIC que cuenta aspectos de gran interés: Buenas prácticas de cara a combatir mejor la COVID-19 en las residencias son:

1. Hacer muchos test
2. Mejorar la comunicación con Atención Primaria y
3. Contratar más personal.

Y todo ello en un entorno donde no se priorizaron las derivaciones hospitalarias ni los circuitos preferentes, ni otros recursos disponibles, para que las personas enfermas fueran trasladadas a otros centros u hospitales. La capacidad en la prevención y control de infecciones, clave en una epidemia, también fue deficiente, del mismo modo que lo fue el manejo de los casos para evitar su agravamiento, fueran o no casos de COVID-19.

Además de la gravísima carencia en procedimientos paliativos, también fueron deficientes los mecanismos de control de infecciones y la falta de material de protección: hubo gran incertidumbre debido a los casos asintomáticos y a la poca credibilidad de los tests diagnósticos. Todo ello acabó llevando a menudo a la implantación de férreas medidas de aislamiento de los residentes, a veces de forma indiscriminada, y a la restricción o denegación de despedidas, visitas o movilidad dentro de la residencia. Este hecho tuvo también consecuencias físicas y psicosociales graves para los mayores que además no contaban con apoyo emocional.  

El problema de fondo es por tanto, de recursos y financiación. Todo esto en un sector con grandes fallos estructurales que requieren medidas a medio y largo plazo.

Lecciones de cara al futuro de las residencias de personas mayores:

Lección 1: conectar el mundo sanitario y el de los cuidados

Lección 2: no discriminar pacientes por su origen

Lección 3: aislamiento radical

Lección 4: test, test, test

Lección 5: contratar más personal para crear grupos burbuja

Lección 6: Dar un giro a un trabajo poco valorado, del que hay un p pil sentimiento generalizado

La mortalidad excesiva durante esta crisis señala problemas estructurales y sistémicos en relación al modelo español de residencias de mayores; destaca en particular la necesidad de mejorar la atención médica que debe brindarse a quienes viven en estos centros, sean públicos, privados o concertados.

La lógica del modelo de residencias actual responde más a las condiciones del proveedor de servicios que las necesidades sociales y sanitarias de las personas mayores.

Las diez conclusiones del informe contienen las disfunciones y elementos mínimos que deben corregirse para evitar se repita la situación vivida.

1. Debido a la gran concentración de mayores frágiles, con pluripatologías, en lugares cerrados y con cercanía física, mantener a personas enfermas y críticas en las residencias sin atención médica adecuada multiplicó los contagios, aceleró la mortalidad y produjo situaciones indignas e inhumanas. No se priorizaron derivaciones o circuitos preferentes para que las personas contagiadas fueran trasladadas
a otros centros u hospitales.

2. Las residencias, en su mayoría, son lugares para la convivencia y el cuidado, no para curas o tratamientos medicalizados; su objetivo es la atención social a las personas que allí viven. Carecen por tanto de recursos, infraestructura, formación o responsabilidad para la atención médica.

3. No hubo una respuesta inmediata, adecuada y orientada a salvar vidas, coordinada con los servicios asistenciales y de salud, en particular durante el pico epidémico.

4. Ante el criterio restrictivo aplicado a la derivación hospitalaria en las CC. AA. con mayor mortalidad de personas mayores, no se propuso alternativa viable y dotada de recursos para atenderlas.

5. La capacidad en la prevención y control de infecciones (incluido el aislamiento de contactos y casos sospechosos) fue deficiente, así como el manejo de los casos para evitar su agravamiento, fueran o no casos de COVID-19. Las residencias contaban con escasa cultura de PCI y tampoco tenían a personal encargado de formar y supervisar este aspecto.

6. La restricción o denegación de despedidas, visitas o movilidad generada por el aislamiento tuvo también consecuencias físicas y psicosociales.

7.Los perfiles profesionales están poco desarrollados en términos de competencias y capacitación y las condiciones laborales son muy precarias. Las bajas laborales no eran sustituidas al ritmo y en ratio adecuados.

8. Faltaron medidas y medios de protección, y formación adaptada, oportuna y con protocolos de uso claros que protegieran a personal y residentes.

9. Mostrando descoordinación institucional y falta de liderazgo, las Administraciones priorizaron la respuesta asistencial en hospitales, lo que dejó atrás a las personas mayores en las residencias, a pesar de ser el colectivo más vulnerable y con mayor mortalidad.

10. Es necesario desarrollar un sistema de indicadores de calidad y éticos orientado hacia el impacto en el bienestar y la calidad de vida de las personas mayores en residencias.

Y Médicos Sin Fronteras plantea un conjunto de Recomendaciones

1. Elaborar PLANES de CONTINGENCIA FÁCILMENTE ADAPTABLES a CADA RESIDENCIA

2. Establecer MECANISMOS para la DETECCIÓN, VIGILANCIA y CONTROL de la INFECCIÓN

3. Asegurar la capacidad de SECTORIZACIÓN en las RESIDENCIAS RESPETANDO LA DIGNIDAD y CUIDADOS de los MAYORES

4. RECOPILAR, SISTEMATIZAR, PUBLICAR y ANALIZAR los DATOS

Para terminar, la Organización Médica Colegial (OMC) plantea algunas cuestiones que refuerzan lo dicho:

La mejora de la atención sanitaria en residencias de mayores requiere de una agenda urgente y un abordaje comprometido, basado en:

✅Es necesario contar con medidas de prevención y control para personal y residentes
✅Asegurar de manera prioritaria y ágil la realización de test y establecer sistemas de detección y aislamiento precoces
✅Es imprescindible una coordinación constante e inmediata con el Sistema Sanitario
✅Se debe de promover un seguimiento clínico no presencial mediante telemedicina, que también debe servir para mantener el contacto constante de los residentes con sus familiares.
✅Resulta imposible concebir una prevención de contagios en residencias sin un control de la trasmisión en la comunidad

Muchas cosas para dar el cambio imprescindible y urgente en las residencias. Nuestros mayores se lo merecen.

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