Sanitarios preparándose para realizar un cribado masivo de un coronavirus que se ha cobrado la vida de una joven gallega de 24 años.
Sanitarios preparándose para realizar un cribado masivo de un coronavirus que se ha cobrado la vida de una joven gallega de 24 años. MANU GARCÍA

La pandemia de coronavirus deja ya más de 90 millones de casos en todo el mundo. Más de 2 millones de personas han fallecido por covid hasta hoy, en un entorno donde existen dos consensos: el primero, que la pandemia de coronavirus ha causado multitud de víctimas colaterales, en otras pandemias paralelas a la pandemia covid-19; el segundo, que nunca se conocerá la cifra con exactitud científica, por los diferentes criterios utilizados en los diferentes países y en momentos diferentes. Un vistazo a las cifras sugiere que desde que la Covid-19 comenzó a extenderse silenciosamente entre nosotros, hay un exceso sin explicación. Un abismo. Posiblemente una buena parte de ellas se deban igualmente al virus, pero numerosas sociedades científicas alertan del inmenso daño colateral que ha habido en toda clase de patologías.

Por ejemplo, se esperan aumentos sustanciales en el número de muertes evitables por cáncer como resultado de retrasos en el diagnóstico debido a la pandemia de covid-19. Por ello, son necesarias intervenciones políticas urgentes, particularmente la necesidad de gestionar el retraso en los servicios de diagnóstico de rutina para mitigar el impacto esperado de la pandemia de covid-19 en pacientes con cáncer. En comparación con las cifras previas a la pandemia, estimamos un aumento de 7,9–9,6% en el número de muertes por cáncer de mama hasta el año 5 después del diagnóstico, correspondiente a entre 281 y 344 muertes adicionales. Para el cáncer colorrectal, estimamos 1.445 a 1.563 muertes adicionales, un aumento de 15.3–16.6%; para el cáncer de pulmón, 1.235 a 1.372 muertes adicionales, un aumento de 4.8–5.3%; y para el cáncer de esófago, 330 a 342 muertes adicionales, 5,8–6% de aumento hasta 5 años después del diagnóstico.

En el caso de los infartos, es paradigmático. Se desplomaron un 40% la primera semana de estado de alarma, a partir del 14 de marzo. ¿La gente no los sufría…?. Claro que los había, pero entre el colapso de la atención telefónica y de las urgencias y el miedo general a pisar un hospital se sospecha que los casos leves se quedaron en casa. En España, esa cifra de fallecimientos se estabilizó en las semanas siguientes en una reducción del 28% de casos. Pero registraron una mortalidad superior. La causa también es un misterio, porque aunque llegaban más tarde que en circunstancias normales y había Covid, el tratamiento ha sido el estándar. Así, el índice de mortalidad se ha multiplicado un 1,88 de 2019 a 2020.

La covid-19 golpeó la actividad en transplantes y en 2020 ha frenado su ritmo de crecimiento. Pero también ha servido para poner de manifiesto la fortaleza de España en en donación y trasplantes, con 4.425 trasplantes de órganos a pesar de las dificultades. España resiste el impacto covid-19: realiza 4.425 trasplantes en 2020. Los hospitales andaluces registran 684 trasplantes de órganos en 2020. Andalucia ha mantenido en 2020 una tasa interanual de donación de órganos en 37,9 donantes por millón de población, por encima de la media nacional que se sitúa en 37,4.

La tercera ola obliga ya a reprogramar operaciones en varias comunidades. Bastantes hospitales están demorando parte de la actividad no covid, sobre todo las cirugías que requieren de una UCI en el posoperatorio. Además, el aumento de la COVID aboca a los hospitales a alterar su programación quirúrgica. Y por ejemplo en Madrid, los hospitales dejaron de practicar 93.001 operaciones entre marzo y agosto. Además, algunos hospitales pequeños y medianos de Cataluña se han visto obligados a desprogramar entre el 10% y el 12% de la cirugía prevista para estos dias, ante el aumento de ingresos por Covid-19.

Empezamos a conocer los efectos de las cuarentenas en la salud mental de las personas que las sufren (ansiedad, depresión, estrés, entre otras). Sabemos que casi la mitad de los profesionales sanitarios españoles ha tenido durante la primera ola de covid síntomas de un trastorno de salud mental. Aunque se trate de síntomas explicados por los propios profesionales a través de una encuesta epidemiológica y no por un diagnóstico psiquiátrico, el volumen es muy alto: seis veces más indicios de depresión mayor que lo que señalan encuestas europeas anteriores. El 3,5% reconoce que tuvo ideas de suicidio, de cómo llevarlo a cabo. Otro 4,5% admite ideas de muerte pasivas: deseaba dormirse y que desapareciera todo. Y este sufrimiento que reflejan las cifras interfiere notablemente en la vida personal, laboral y social del 14,5% de los profesionales. El 80% estaba en contacto directo con la enfermedad.

Y hemos hablado con pacientes de artritis, cáncer de mama, diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedad inflamatoria intestinal y fibromialgia. La mayoría pertenecientes a asociaciones de pacientes de distintos lugares de Andalucía. Y nos han dicho algunas palabras clave:

1. Preocupación, miedo e incertidumbre. "Y lo peor es oír lo de que somos viejos… y tenemos más riesgos y lo de las Ucis, que a nosotros no… que somos los últimos…si nos pasa”.

2. Afrontar el confinamiento con la mochila cargada, con la formación recibida en programas como la Escuela de Pacientes (o en las asociaciones, en los programas de educación terapéutica o en rehabilitación cardiaca). “Nunca imaginé que todo lo aprendido me serviría tanto.” “porque nosotros hemos aprendido sobre alimentación, ejercicio, medicación, a gestionar nuestras emociones, a pensar en positivo…. Y ahora que no tienes a nadie, que tienes que resolver muchas cosas solo…”.

3. La información oficial. “Cómo ha ido variando la información me genera inseguridad…”.

4. Dificultades para el autocuidado. Los/as participantes aseguran mantener un estado emocional positivo, aunque reconocen momentos de desánimo, preocupación, ansiedad y tristeza.

5. El papel de los servicios sanitarios. Los/as participantes sienten miedo ante la necesidad de tener que acudir a un centro sanitario, valoran los riesgos y beneficios de esta decisión y, en la mayoría de los casos recogidos, evitan el contacto. “No estamos yendo para lo nuestro (a una revisión) que es más grave que el coronavirus…”.
 
6. El papel de las asociaciones. “Apoyando a los socios, facilitando información, resolviendo dudas, llamando a los socios para ver cómo están…”.

7. Mirando al futuro. Reclaman que tras la crisis se refuerce la Sanidad pública. Creen necesario un cambio de modelo para poder dar respuesta a las necesidades que ya existían y a las derivadas de esta crisis.

En definitiva, información, formación de pacientes, colaboración directa con asociaciones de pacientes y una mejora de la accesibilidad telemática a los servicios sanitarios destacan como las principales líneas de mejora para minimizar el impacto de futuras cuarentenas en los autocuidados y, por tanto, en el estado de salud de personas con enfermedades crónicas.

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