Foto de Cris Borruell @crisborruell
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Historias de una enfermera, @CrisBorruell en Twitter, que emocionan en tiempos de la Covid-19:

“1958, un chaval de 18 años conoce a una jovencita que lo enamora a primera vista. A ella le ocurre lo mismo. Son almas predestinadas. 1963 se casan y ya no se separan hasta que la Covid-19 logra hacerlo tres días que para ellos son una eternidad.

Cuando les conozco su doctora ya ha hecho estrategia de hospital y comparten habitación donde retoman su día a día con la facilidad que da el hábito de mucho tiempo. La única diferencia es la presencia de la Covid-19 como invitado no deseado.

Esa mañana lo encuentro a él moviendo las mesitas para desayunar. Siempre comen juntos y sin saber cómo me encuentro moviendo los sillones al lado de la ventana para que pasen el día (al lado de él aún necesitado de oxígeno ratos).

Es un querer tan profundo, tan natural, tan presente en ellos que al entrar en su habitación se te queda impregnado. Para ella conocerle ha sido el mejor regalo de la vida. Lo dice emocionada bajo la mirada de él, que la mira como aquel chaval que se enamoró en Sant Andreu.

Ayer llegó el día del alta a su domicilio, hacia su espacio compartido y querido. Ser su enfermera me ha regalado poder ser testigo de un amor inquebrantable, que en la enfermedad ha sido la ayuda de los dos.

Y es que ahora que las residencias están en el punto de mira debemos mirar hacia los domicilios donde el cuidado surge del cariño entre dos personas. Dos que tienen en su mutua compañía una relación de ayuda que funciona hasta que un virus demoledor se cuela en sus vidas.

Provocando que el más cuidador de los dos pague el precio más alto: romper ese todo que han creado con los años dos mitades. Y la mitad que queda se siente perdida en un duelo no cerrado que vive en una casa llena de la presencia de quien ya no volverá.

Antes de ese "tsunami" ya se detectaban situaciones en las que la atención sanitaria y social formaban una suma. Una suma de difícil resolución en muchos casos y que ha de ser uno de los temas en la parte alta de una lista de prioridades.

Por ahora to me quedo con la imagen de A y ML de la mano. Nos han regalado momentos de felicidad, sacado sonrisas y me hace sentir que no hemos de perder el ánimo y la esperanza aunque no siempre sea fácil. ¡Por ahora seguimos!

Detrás de cada Covid-19 hay una vida. Gracias por compartir ésta y además con final feliz. Nos han llegado al corazón a todos los que hemos estado con ellos. Personas y vivencias que te quedan para siempre.

Es la historia que podrían explicar muchos y muchas que estamos a pie de cama. Dentro de cada habitación hay una historia de vida. Cuando es como la de ellos te emociona ser testigo. Y te alienta. Cada día más feliz de ser enfermera".

Preciosa historia. Gracias Cris por contarla y por ser quién eres y cómo eres.

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