La depresión mayor es una de las principales causas de discapacidad y sufrimiento en todo el mundo. Según datos del Spain Health Survey 2023, los síntomas de depresión activa afectaron en 2023 a alrededor del 8 % de la población española adulta, con un incremento claro frente a años anteriores. En Andalucía, este fenómeno —como parte de un conjunto más amplio de trastornos de salud mental— se manifiesta con especial intensidad: hasta el 84 % de la población andaluza ha experimentado síntomas de ansiedad o depresión en el último año, por encima de la media nacional, según un estudio publicado sobre salud y vida. Esto convierte a la depresión mayor en un problema de salud pública prioritario que exige respuestas estructuradas desde todos los niveles del sistema sanitario.
Andalucía atiende a más de 480.000 personas con problemas de salud mental —desde depresión y ansiedad hasta otros trastornos del ánimo— a través de su red asistencial pública, incluyendo a más de 90.000 menores de edad, lo que evidencia que los problemas emocionales afectan a personas de todas las edades. Además, se estima que cientos de miles de andaluces viven con depresión diagnosticada. A estos datos se suma el impacto más grave: en Andalucía se registran 847 suicidios en el año 2024 (650 hombres y 197 mujeres), siendo la depresión un factor de riesgo para el suicidio, ya que como apunta Miguel Guerrero, incrementa la probabilidad y el riesgo de ideas suicidas, intentos de suicidio y morir por esta causa y subrayando la necesidad de políticas públicas de prevención eficaces.
La depresión desde la salud pública
Desde la perspectiva de salud pública, abordar la depresión mayor en nuestra comunidad significa ir más allá del tratamiento clínico individual y considerar sus determinantes sociales —como el desempleo, la precariedad económica, la soledad y las desigualdades— que influyen claramente en el riesgo y en el acceso a los servicios sanitarios. Un enfoque integral exige fortalecer la atención primaria como puerta de entrada al diagnóstico temprano, al seguimiento longitudinal y al manejo conjunto de la salud física y mental; ampliar recursos humanos especializados en salud mental; y desarrollar estrategias comunitarias y de prevención, incluida la integración entre sistemas de salud pública y servicios sociales. La conmemoración del día de la lucha contra la depresión no debe ser solo un recordatorio de la existencia de esta enfermedad, sino un llamamiento a inversiones sostenidas, políticas sanas y acciones colectivas que reduzcan estigma, mejoren la atención y promuevan el bienestar emocional de toda la población andaluza.
Algunos de los bulos (mitos) más comunes que rodean la depresión, junto con la realidad:
1. La depresión es solo tristeza: Bulo
La depresión es un trastorno mental complejo que afecta al estado de ánimo, al pensamiento, al cuerpo y al comportamiento. Puede incluir apatía, fatiga extrema, problemas de sueño, culpa, dificultad para concentrarse y pensamientos suicidas.
2. Se cura con fuerza de voluntad: Bulo.
No es una cuestión de querer o no querer. Requiere tratamiento, que puede incluir terapia psicológica, medicación y apoyo social.
3. La gente con depresión exagera o busca atención: Bulo.
La depresión es una enfermedad real y reconocida por la medicina. Minimizarla aumenta el estigma y dificulta que las personas pidan ayuda.
4. Si tienes una buena vida, no puedes estar deprimido: Bulo.
La depresión no depende solo de las circunstancias externas. Factores biológicos, genéticos y psicológicos también influyen.
5. Hablar de suicidio provoca que la gente lo haga: Bulo.
Hablar abiertamente y con cuidado sobre el tema puede salvar vidas, ya que permite detectar riesgos y ofrecer ayuda.
6. La depresión es permanente: Bulo.
Con tratamiento adecuado, muchas personas se recuperan o aprenden a manejarla de forma efectiva.
7. Los antidepresivos cambian la personalidad: Bulo.
Bien prescritos, ayudan a restablecer el equilibrio químico del cerebro; no convierten a la persona en alguien distinto.
Abordaje terapéutico
El abordaje terapéutico suele combinar varias estrategias. Entre ellas, la psicoterapia es fundamental: hablar con un profesional ayuda a identificar patrones de pensamiento negativos y aprender herramientas para manejarlos. También se pueden usar medicamentos que equilibran sustancias químicas en el cerebro, como los antidepresivos, siempre bajo supervisión médica. Además, cambios en el estilo de vida, como hacer ejercicio, mantener una rutina y cuidar la alimentación, pueden mejorar notablemente el bienestar.
Es importante entender que cada persona es diferente y no hay un solo tratamiento que funcione para todos. Los profesionales de la salud mental evalúan la situación de cada paciente para diseñar un plan personalizado, que puede combinar terapia, medicación y hábitos saludables. Reconocer los síntomas temprano y buscar ayuda reduce el impacto de la depresión y aumenta la probabilidad de recuperación. Hablar sobre la enfermedad con normalidad y sin prejuicios también ayuda a que más personas reciban apoyo a tiempo.
El ejercicio físico, un aliado
El ejercicio no es una cura mágica, pero sí un gran aliado en el tratamiento de la depresión. Funciona mejor como parte de un enfoque integral: apoyo profesional, hábitos saludables y red social.
El ejercicio físico es una herramienta muy útil para afrontar la depresión, aunque no sustituye al tratamiento profesional cuando este es necesario. Su valor está ampliamente respaldado por la psicología y la medicina.
¿Por qué el ejercicio ayuda en la depresión?
1. Mejora la química cerebral
• Aumenta la liberación de endorfinas, dopamina y serotonina, neurotransmisores relacionados con el bienestar y el estado de ánimo.
• Reduce el nivel de cortisol, la hormona del estrés.
2. Rompe el círculo de apatía
• La depresión suele llevar a la inactividad, y la inactividad empeora los síntomas.
• El ejercicio actúa como un “empujón” que ayuda a recuperar energía poco a poco.
3. Mejora el sueño
• Dormir mejor reduce la irritabilidad, la fatiga y la sensación de desesperanza.
4. Refuerza la autoestima
• Cumplir pequeños objetivos físicos genera sensación de logro y control.
• Ayuda a reconectar con el propio cuerpo de forma positiva.
5. Favorece la socialización
• Actividades en grupo (caminar, clases dirigidas, deportes suaves) reducen el aislamiento, muy común en la depresión.
¿Qué tipo de ejercicio es más recomendable?
No hace falta ejercicio intenso. La constancia es más importante que la intensidad.
•Caminar a paso ligero (20–30 minutos)
•Bicicleta suave
•Yoga o pilates
•Natación
•Ejercicios de fuerza moderada
Incluso 10–15 minutos al día ya pueden marcar diferencia.
Consejos importantes
•Empezar poco a poco y sin exigencia
•Elegir actividades que resulten mínimamente agradables. No castigarse si un día no se puede hacer
•Combinar el ejercicio con terapia psicológica y, si está indicada, medicación
Un problema de salud real
En definitiva, la depresión no es una debilidad ni una moda, como aún sugieren algunos mitos, sino un problema de salud real que afecta a millones de personas y cuyos números no dejan de crecer. Comprenderla desde la evidencia, desmontar falsas creencias y promover herramientas accesibles como el ejercicio físico permite avanzar hacia una mirada más humana y preventiva.
Hablar de depresión con información, empatía y responsabilidad no solo ayuda a quienes la padecen, sino que contribuye a construir una sociedad más consciente, activa y solidaria.
