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Estas últimas dos semanas hemos compartido con nuestros alumnos y alumnas los nervios y las ansiedades que supone enfrentarse a un cambio en sus vidas. En tan sólo tres días, ellos se 'han jugado' su futuro en unos exámenes.

Estas últimas dos semanas hemos compartido con nuestros alumnos y alumnas los nervios y las ansiedades que supone enfrentarse a un cambio en sus vidas. En tan sólo tres días, ellos se han jugado su futuro en unos exámenes necesarios para cumplir su objetivo pero injustos para valorar tanto trabajo de alumnado y profesorado. Ellos, por estos días, han sido sólo números a los que se les ha atribuido una nota, sin mirar nombres y apellidos, sin mirar sus problemas ni su trayectoria académica. Unos lograrán entrar en la carrera de sus sueños, otros deberán volver a la prueba para intentarlo de nuevo y otros optarán por otro camino. En estos días tanto familias, profesorado y alumnado vivimos a la vez alegrías y frustraciones, pero para todo se debe estar preparado. Más allá de una nota, que no digo que no sea importante porque marca su futuro, están esos años en el colegio y esas materias aprendidas que no constan en los boletines. Por ello hoy, viendo las aulas vacías en las que se han forjado grandes sueños, quiero iniciarme dedicando mis primeras palabras a mis queridos niños y niñas que abandonan la etapa escolar para empezar a volar solos.

Mis queridos/as alumnos y alumnas:

Aunque los profesores y la Universidad hayamos certificado con una nota vuestro rendimiento de este último año, eso no significa que sepamos hasta dónde podéis llegar. La experiencia me ha enseñado que, al cabo de un tiempo, cuando nos saludemos, al encontrarnos en algún lugar, y os pregunte ¿cómo te va?, siempre surgirán gratas sorpresas…  Y aquella alumna que tuvo problemas para aprobar se ha convertido en una gran profesional, aquel alumno que sufría de mal de amores ha encontrado una pareja para toda la vida, o aquella otra que dejó de estudiar se lamenta del tiempo perdido pero remontó su bache vital y continúa estudiando con tesón años después de haber dejado pasar su primera  oportunidad.

Basándome en las palabras del novelista ruso Tolstói, que dice así: "Un hombre es como una fracción cuyo numerador corresponde a lo que él es, en tanto que el denominador es lo que cree ser. Cuanto más grande es el denominador, más pequeña es la fracción", os invito a que vuestro numerador sea enorme, que tienda a infinito, que sigáis siendo personas extraordinarias y preparadas para esta sociedad y no os quedéis sólo en lo que creéis ser o lo que creen los demás que sois porque eso os llevará a una fracción nula.

Por eso, más allá del aprobado o del suspenso, del 7 o del 10, está ese otro aprendizaje que habéis iniciado en vuestro colegio y que esperamos que os ayude a navegar por esta nueva etapa, ese mar ahora tan agitado que os espera ahí afuera. Me despido una vez más de vosotros pero sin antes transmitiros una serie de deseos y consejos que me salen del corazón en el mejor idioma que sé, el de las matemáticas:

            - Como dijo Hipatia de Alejandría a sus alumnos, "defended vuestro derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar"

            - Deseo que vuestra vida sea una función continua creciente en su dominio, donde vuestras metas alcancen el máximo.

            - Que aprendáis siempre de vuestros errores y comencéis de nuevo con la operación para llegar a la solución, justificando cada paso.

            - No pongáis límites a vuestros sueños, y resolved todas las indeterminaciones que os encontréis para lograrlos.

            - Optimizar al máximo vuestro rendimiento para obtener los mejores resultados.

            - Y, por supuesto, no cambiéis nunca, sois grandes personas y la razón por la que nuestro trabajo, no es un trabajo. La razón por la que cada mañana me levanto con la ilusión de comenzar un nuevo día y de no saber qué voy a encontrarme, porque cada día lo hacéis distinto.

Mis queridos niños y niñas, os he consolado, os he reprendido, os he ayudado, os he aconsejado… y también he aprendido a vuestro lado. Con todo esto me hacéis sentir importante y útil en el trabajo de la docencia. Así, me despido como profesora, pero siempre me tendréis como una hermana mayor o una amiga.

Hasta siempre. Os quiere vuestra Seño.

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