Érase una vez un periódico

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Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Montar un medio de comunicación sin un gran inversor detrás y otras grandes locuras de nuestro tiempo.

Montar un medio de comunicación sin un gran inversor detrás y otras grandes locuras de nuestro tiempo. Son frases para odiar ésas que te convierten en súper hombre, que te muestran el éxito como un camino que depende exclusivamente de ti, de tu esfuerzo y de tu empeño por no ceder ni un centímetro al fracaso. Son de odiar, sí, pero hay veces en las que hay que hacer excepciones.

Es raro, porque me dejan un hueco los mismos a los que alabo; pero sé de sobra que publicarían este texto aunque mis palabras fueran de desprecio. Porque, ante todo, son profesionales, y más allá de la profesión y del código deontológico, son algo más: son periodistas. Difícil elección para esta era de la información y la desinformación, pero ellos lo llevan por bandera.

Son de Jerez —casi todos—, ni de Madrid, ni de Barcelona, más mérito aún si cabe. Y no por de donde provengan, sino por el lugar de donde hacen fluir las noticias. Mantener una página, y llenarla de contenido cada día, con elementos de un pueblo grande como el nuestro no es fácil; al fin y al cabo no somos más grandes que un barrio de las ciudades antes nombradas.

Quizás no sean del todo conscientes de su trascendencia, de lo hondo que están calando en la población. ¡Que sólo tienen tres años y ya forman parte de la vida de los jerezanos! No diré el nombre de otros periódicos de papel con el que las madres protegían el suelo de pisotones; espero que no se interprete ésto como algo despectivo, al contrario, se trata de un elemento tan común y tan a mano, que está en las casas, en nuestro día a día. Con lavozdelsur.es no podrás envolver bocadillos ni limpiar cristales —demasiado antiguo quizás— después de beberte todos sus textos, pero dan ganas de tocarlo, de que sea físico. No te deja los dedos negros ni tienes que chuparte las yemas para pasar de la sección de Provincia a Cultura, han cambiado los tiempos, pero la esencia del periodismo es la misma y ellos la mantienen, vaya si la mantienen.

Son importantes, ellos nunca lo dirán porque son humildes, pero cualquier paisano que se precie te dice: “ah, sí, lo leí en La Voz del Sur”. Y yo lo noto, porque en el pequeño rinconcito que tengo en su publicación, y que he hecho mío, hablo de lo que quiero, y la gente que me conoce me pregunta por si ahora escribo allí o allá; y eso es gracias a ellos. He recuperado el contacto con gente del instituto porque me han leído aquí. Coño, que me evado por la página de Word, pero estoy aquí, en La Voz del Sur, y vosotros ahora también. Estamos.

Son muy grandes porque luchan contra todo tipo de adversidades. Son una familia, yo lo he visto porque he conocido bien a algunos de ellos —y a otros se les ve en la cara—, y tienen unos comandantes geniales, cercanos y muy muy muy periodistas. A mí me han hecho sentir como en casa, uno más, a pesar de estar a varios kilómetros —dos o tres, tampoco tantos—. Ahora que lo  pienso, todos son comandantes, trabajan codo a codo y con ganas. Porque eso sí que no les falta: ganas. Que algunas veces puede que quieran abandonar, porque en su oficio nada está recompensado como debiera, y menos si te lo has montado todo de cero. La ilusión se divide, por no decir que mengua, no se puede estar todos los días en la cresta de la ola. Pero ahí siguen, escribiendo y mostrando la realidad al mundo. Y es que poco a poco van comiendo terreno a la piel de toro, no sé si porque hay muchos jerezanos desperdigados o porque sus artículos merecen jugar en la Selección Nacional de Periodismo. Me da a mí que es lo segundo.

Montar un medio de comunicación sin un gran inversor detrás y otras grandes locuras de nuestro tiempo. ¡Ay! No me podéis ver pero suspiro. Porque admiro profundamente a la gente que hace estas cosas, que ve las desventuras de su futuro empleo y se echa la mochila de dificultades a la espalda para no tropezar con ellas. Que los periódicos están imposibles: ¡pues me monto uno! Y una vez más digo que seguro que no son del todo conscientes de sus logros, porque puede que el marcador económico no responda a sus sudores, y porque están inmersos día a día en transcribir lo que pasa a su alrededor; todo eso les quita perspectiva, pero por si acaso no lo saben, se lo digo yo, que no soy nadie pero gracias a ellos soy un poquito más alguien: sois los mejores, zagales.

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