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Con un carril bici somos megamodernos, a la altura de urbes como Barcelona o Amsterdam, si me apuran.

Perdonen la ignorancia pero yo, lo del carril bici, no lo entiendo. Supongo que hay que demostrar que se trabaja, aprovechar los fondos públicos y tal. Y con un carril bici somos megamodernos, a la altura de urbes como Barcelona o Amsterdam, si me apuran. Conozco gente que usa la bici y lo agradece mucho, a la vez que me escupirán metafóricamente -espero- cuando lean este artículo.

Dicho esto. No entiendo la relación causa-efecto entre las escasas personas que emplean la bici en Jerez, ya sea para ir al trabajo, pasear o hacer deporte, y la que se está liando con las obras. Llevo tiempo queriendo, o mejor dicho no queriendo, escribir este artículo. Y lo aplazo y lo aplazo. Y mientras tanto, cada día me encuentro más caos de tráfico y las aceras levantadas. En una ciudad donde, dicho sea de paso, hay casi tantos coches como habitantes. Lo cual está mal, muy mal. Pero ése es otro debate. El de las ideas, lo bello y lo bueno. El de Platón. Bajemos a tierra, señores políticos.

Aunque supongo que a estas alturas dar marcha atrás y arreglar el desaguisado no debe ser fácil. Sobre todo después de hacer que el citado carril pase "por mis c...” -u ovarios, que está más de moda- por algunas aceras, aunque para ello uno de los dos, el peatón o el ciclista, tenga que detenerse cuando confluyen, como pasa en un tramo de la Avenida de Arcos.

Cualquiera diría que en Jerez se está realizando una transformación sin precedentes, hasta que la obra esté terminada y la disfrute una minoría. Un sinsentido. Más o menos como gastarse más de 500 millones en un mastodóntico puente que a la mayoría de los gaditanos los deja donde ya estaban, sin acortar demasiado las distancias a no ser que vivas, claro, al lado de El Corte Inglés. Que no digo yo que el puente no descongestione en horas punta, pero a lo mejor tampoco habría hecho falta picarse con los ingenieros de Nueva York y San Francisco. Que sí, que queda muy guay decir lo del gálibo y todo eso, pero resulta que allí las infraestructuras son reflejos de aquellas urbes. Aquí, más bien, de lo que queremos proyectar al mundo. Vamos, de lo que no somos.

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