Energía, democracia y territorio. ECOLOGISTAS EN ACCIÓN VERDEMAR.
Energía, democracia y territorio. ECOLOGISTAS EN ACCIÓN VERDEMAR.

Si el agua es la sangre de la tierra, la energía es el nervio de la vida. Vuelve a Europa, desde Francia, el debate nuclear, desde otros lugares la demanda de subvenciones a las tecnologías nuclear y del gas. Esperemos que por poco tiempo.

Los inviernos son primaveras, las primaveras veranos, los veranos saharianos y los otoños secos. Que nos lo digan en Andalucía. El clima ya ha cambiado. Las causas son antrópicas, humanas, que tiene que ver con el funcionamiento del modelo capitalista. Un modelo extractivo de recursos limitados cuyos residuos, -calor, basuras, contaminación y destrucción de sistemas agropecuarios y naturales- modifica las condiciones biofísicas de los ecosistemas, incluidos los humanos, estrechando los límites de la vida, reduciendo su capacidad de reproducción. El gran meteorito de la extinción humana es la depredación capitalista.

Se puede negar por ignorancia, por ser parte interesada o simplemente sicario del mal. La confrontación entre democracia y capitalismo se agudiza en tiempos de cambio climático. En la naturaleza de las energías renovables está su potencial democrático, se reparten territorialmente por todo el planeta. El sol, su primera derivada el viento y sus segundas y terceras derivadas relacionadas con el agua, más el calor interno terrestre, tienen constitución global federal. Ni los combustibles fósiles, ni mucho menos la nuclear, albergan potencial democrático, en su naturaleza está la concentración y centralización del poder.

Se pretende desideologizar el debate sobre el modelo energético, diciendo que la energía no es ni de izquierdas ni de derechas. Esto es lo que está ocurriendo en Francia, el país más nuclearizado de Europa. Ni de izquierdas ni de derechas es de derechas, las pruebas son abrumadoras. La concentración y centralización del poder es un vector antidemocrático, por ello los grupos financieros que buscan beneficio rápido a costa de vidas, territorio y medio ambiente, prefieren la nuclear y los fósiles. Ya tienen el grifo del dinero en pocas manos, quieren en exclusiva el grifo de la energía.

El debate sobre la nuclear como modelo de soberanía energética y el gas como modelo de transición a las renovables ha vuelto a Europa. Los intereses van a llenar las teles de falsedades. Hay grupos financieros y bancarios presionando por la nuclear en Francia y buscando alianzas en otros países de la UE al sumar el gas, para que sendas tecnologías se incluyan en la taxonomía de finanzas verdes de la UE. El objetivo es  acceder a las subvenciones para la transición energética. No serán tan baratas como dicen cuando son incapaces de competir con las renovables a poco que se incluyan en sus costes los de reparación de los daños externos que producen.

El precio de la energía eléctrica en Francia es estos días similar al de España. Los precios están desatados en toda Europa. Luego la cuestión no es más nuclear y más gas, la cuestión es cambiar las reglas del juego del mercado eléctrico para que la formación de precios no sea especulativa, crear empresas públicas de producción y comercialización energética y fomentar las renovables, la producción de hidrógeno renovable y las tecnologías de ahorro y eficiencia energética en los sectores domésticos y productivos.

La nuclear y el gas lo defienden en España, un país de sol y viento, Vox, el PP y Ciudadanos, su patria es el dinero, son la derecha. La transición hacia las renovables con la clave del hidrógeno como vector energético, lo defiende el arco progresista, la patria es la gente y el medio en el que vivimos, llamémosle izquierda. Sí, la cuestión de la energía es una cuestión de izquierdas o derechas, de democracia o desigualdad, de poder concentrado o poder distribuido.

Nota a pie de página: Cerrar todas las nucleares de España, con una potencia instalada de 7.400 MW, podría hacerse instalando diez mil aerogeneradores con potencia de 2,5 MW (la potencia media de las máquinas eólicas instaladas en España. Imaginemos que los aerogeneradores se fabricasen en Andalucía. Imaginemos que los paneles fotovoltaicos y la tecnología electrónica también.

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