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¿Recuerdan un país llamado Ucrania, reventado a base a mortero y obús de norte a sur?

Ah, es cierto... se me olvidaba que como están a varios países de distancia, no es un problema que nos atañe. O quizás sí.

Es curioso ver como el foco informativo desde hace semanas se centra en Grecia y su posible salida de la Eurozona, mientras precisamente uno de los países periféricos y fronterizos de nuestra utópica Unión Europea, se desangra cada día debido a un conflicto que no parece tener fin por más que los dirigentes se sienten a enfrentar (que no confrontar) soluciones.

Es como cuando vives en un primero y el del quinto tiene un problema de fontanería. No te afecta, no te influye... no te importa. Sin embargo, si ese problema de fontanería afecta a un bajante o una tubería principal del edificio y te obligan a cerrar grifos o no poner lavadoras durante uno o dos días... la cosa cambia. Quizás no somos conscientes de que el problema de Ucrania amenaza con provocar el colapso del edificio que llamamos Europa a menos que las instituciones comunitarias decidan de una maldita vez implicarse hasta el punto de llenarse de barro si es preciso.

No se trata de rusos contra ucranianos, como nos cuentan en los informativos.

Se trata de un país con un ejército desmantelado, que no tuvo mejor ocurrencia que armar a grupos paramilitares de extrema derecha neonazi para defender sus fronteras frente a la amenaza comunista. Y ahora, comienzan a pedir la parte del pastel que, según ellos, les corresponde.

La red de contrabando fronterizo que controlaban ya no es suficiente... ahora quieren el Poder. Ahora pretender gobernar los designios de un país soberano y democrático, amparándose en una defensa ultranacionalista de dudosas motivaciones y moralidad, y a golpe de kalashnikov.

Ya se han enfrentado a la policía ucraniana y la posibilidad de una guerra civil puede ser una realidad si no se pone remedio.

Hace 76 años, Europa se enfrentó a ellos. Entonces eran alemanes y tenían un poderío militar incontestable. Pero no se engañen... estos no amenazan. Estos ejecutan sus deseos sin preguntar a nadie ni pedir permiso. Se sienten superiores a todo y a todos.

Curiosamente, hoy mismo se cumplen 25 años de la proclamación de la soberanía de Ucrania, escindiéndose de la entonces Unión Soviética. Amargo cumpleaños, sin duda.

Mientras tanto, sigamos intoxicándonos informativamente con el supuesto peligro del advenimiento del “Coletas” y el marxismo-lenilismo que tanto temen en este país.

No se dan cuenta de que la verdadera amenaza existe, está  llamando a las puertas del conflicto y , para más señas, luce esvásticas y brazos alzados sin ningún tipo de rubor.

Rusos prepotentes contra fascistas armados por quién sabe qué país “democrático”. Y en medio una población civil que solo quiere VIVIR en paz.

¿Les suena el argumento de esta película? Se llama Tercera Guerra Mundial.

Aun estamos a tiempo de evitarlo.

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