Un evento cultural celebrado recientemente.
Un evento cultural celebrado recientemente. MANU GARCÍA

Confieso mi estupor al leer un articulo el pasado 27 en la prensa local, glosando los méritos de un recién fallecido artista, también local: “Si hubiera sido un cultureta desharrapado, hoy estaría reconocidísimo”. Glup.

Y que el finado, decía, no era un activista de izquierda. Sino educado, académico y un señor, “lo que sin duda le perjudicó para comercializar su arte”.

Respiren hondo y saquen conclusiones. Desde complejo de inferioridad a simple estupidez, todo es posible. Porque no hay que ser muy perspicaz para adivinar que esas afirmaciones provienen de esa caverna de donde sale un fuerte olor a verdín y a moho.

Y es que cuando la bienpensancia gaditana que mora en esa caverna habla de cultura, se refiere a algo amojamado desde hace décadas. Es la cultura, su cultura pospemaniana, de presentación de libros bonitos e inofensivos, exposiciones de cuadros “que se entienden”, conferencias de gente bien para gente bien y todo eso tan rancio y tan antigüito, tal vez enmarcado en el bastidor apolillado de academias y ateneos fósiles.

Es la cultura retrospectiva de la gente de orden, que asiste a esos actos vestida para la ocasión, almirantes de uniforme, magistrados adictos al croqueteo gañotero, señoras señoreadas recién salidas de la pelu, políticos caducados en busca de cariño, habituales del lametón y la corbata y víctimas ocasionales del compromiso cultural.

También acogen como cultura los espasmos lírico-capillíes del mundo cofrade. Así rellenan un hueco.

Es igual, todo huele a alcanfor, a endogamia clasista y a croquetas rancias, pero esa gente lo llama cultura. Ya ves.

Es la gente que cree que la Cultura es un Ministerio, o una Consejería de la Junta. Por cierto, repasar el currículo cultural de los responsables provincial y regional del ramo, supone asomarse al brocal del abismo de lo insignificante y de la trivialidad.

La cultura para las derechas, se ha dicho muchas veces, es una asignatura maría. Y no, la verdadera Cultura es edificación, arquitectura, y “eso” solo es decoración de interiores.

Son los tiempos que nos han tocado vivir, en los que la Cultura se ha convertido en la principal forma de resistencia.

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