Caguetas y tanquetas
Caguetas y tanquetas GERMÁN MESA

Cada carnet de paro es un eslabón de una cadena que ata Cádiz a un futuro sin esperanza, cada joven que emigra es una rama caída de nuestro drago, cada solar abandonado es un harapo en la ropa con la que se presenta nuestra ciudad: sin jóvenes ni porvenir, y con la mirada humillada y el semblante tristón del infortunio.

Dijo Sartre que lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros. Y así, una huelga saca a la ciudad de su sopor aborregado. Un rayo de luz de motivación y dignidad cívica: gente de Cádiz y de toda la Bahía luchando por lo suyo, que en este caso es lo de todos. Contra las prácticas neoliberales, movilización; contra los recortes, lucha; contra los abusos, dignidad. Luchar, aún sin esperanzas, contra un poderoso gigante de mil brazos.

El pueblo, en general, tal vez lo ha entendido y muestra comprensión -cuando no aplausos- ante las molestias ciudadanas que causan los huelguistas: “Su problema es nuestro problema”. Esa actitud ha dejado todavía más en evidencia a todos los aliados de ese gigante: el poder. Como cierta prensa cagueta, que prefiere contar que los obreros son unos incendiarios antes que explicar por qué están en huelga. Y publican con sumisión perruna lo que “desde arriba” quieren que se diga. Pero no se indignan tanto por la precariedad, los abusos bancarios o las privatizaciones. Por no hablar de los miles de millones saqueados o malversados.

O los que se dan golpes de pecho por Cádiz mientras contribuyen a que la ciudad acepte la servidumbre del turismo. Y prefieren la renta de su piso turístico antes que admitir que el turismo despendolado conduce a un modelo obsoleto y depredador, que vampiriza cualquier otra actividad. Y cuyo final es desolador.

El capitalismo va ganando mientras haya gente que cobra 1.000 euros y se cree clase media, que tiene hipotecados hasta los calcetines, y que se cabrea con la huelga porque llega tarde al colegio de pago de sus niños. Y que trinca un vale de Diputación para tomar una caña con tapa.

Va ganando, por eso hay que seguir luchando.

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