En el blanco anaranjado

Ojalá pronto haya una tregua, que ni siquiera ha acabado enero y ya nos están matando las entrañas a base de asco y de disparos

En el blanco anaranjado. Donald Trump.
23 de enero de 2026 a las 09:31h

Creo que hasta el cuarenta de marzo, más o menos, no somos conscientes de vivir en un año distinto. Lo normal, al menos en mi caso, es seguir poniendo mal la fecha hasta pasada la primavera. Pero este está siendo diferente. Quizás sea porque, a pesar de que no llevamos ni un mes de año nuevo, 2026 se ha estrenado dándolo todo. Y quitándonos mucho. A la mayoría, el sueño; a otros, la libertad; y a algunos, la vida propia o la de a quienes más se quiere. 

Pocos comienzos de ciclo —si es que eso es lo que marca el primero de enero— fueron tan convulsos. Hemos vivido ya invasiones, secuestros de presidentes, el rito de pleitesía más bochornoso desde el del emérito a Franco, vía ofrenda del Nobel de la Paz —de golpista a golpista—, asesinatos con total impunidad, accidentes horribles, y más amenazas de invasión de territorios soberanos. Así, como quien no quiere la cosa. La era del matonismo está plena y parece haber llegado para quedarse. 

Entre tanta catástrofe en forma de boniato diabólico trumpista o de tragedia ferroviaria, ya casi nos hemos olvidado de otra desgracia: la de aquellas mujeres que denuncian haber sido víctimas de acoso, de abuso y de un execrable comportamiento por parte de Julio Iglesias.

Años de investigación periodística sacaron a la luz esta escalofriante historia hace apenas unos días; aunque ahora parece que ha pasado un siglo. Dos ex empleadas del hogar denuncian todo tipo de vejaciones difíciles hasta de leer por parte del truhan sin señorío. Escuchar sus testimonios solo puede dar arcadas, aunque parece que no a todo el mundo por igual. A Iglesias, un señor muy respetable, muy campechano, muy artista, muy rico y muy de derechas, le han salido defensores.

Desde la mente preclara de Ana Obregón, que apela como prueba irrefutable a la ausencia de ampollas en “el pito”, las cuales debería tener si se lo hubieran chupado cada noche; pasando por el ex dinámico Ramón Arcusa, que considera que cuando alguien es violada con regularidad aquello adquiere la categoría de relación sentimental estable; hasta los abanderados políticos: de Ayuso a Almeida o Feijóo, y la defensa a ultranza de nuestro artista más internacional mientras se echan balones a Irán. 

Desde luego, hay defensas mucho más dañinas que un buen ataque. Especialmente porque, escuchando el argumentario de sus amiguísimos, una comprende muchas cosas: la normalización del sometimiento, del abuso, la ausencia total de empatía para no comprender que no hace falta estar físicamente encadenada para que el hambre de tus hijos te impida abandonar al carcelero. El desprecio a quien menos tiene, al débil, al de piel más oscura está hoy de moda. Los matones se llevan. Y suelen ser parecidos: blancos anaranjados, señoros, con mucho dinero, sin decencia y sin atisbo de escrúpulos. Encontrar vivo a Boro ha sido lo único que nos ha sacado una sonrisa en este descarnado 2026. Ojalá pronto haya una tregua, que ni siquiera ha acabado enero y ya nos están matando las entrañas a base de asco y de disparos. Así, no es de extrañar que hasta los pacifistas sintamos deseos de dar en el blanco anaranjado.