Isabel Díaz Ayuso, tras ganar el pasado martes.
Isabel Díaz Ayuso, tras ganar el pasado martes.

El éxito electoral de Díaz Ayuso en las elecciones autonómicas de Madrid ha consistido, por una parte, en merendarse a Ciudadanos, nada sobresaliente, por cierto, dada la sociología de su militancia y, por ende, su electorado y el proceso de descomposición progresivo en el que ha entrado la formación política de Arrimadas desde las elecciones autonómicas catalanas. Por otra, de haber frenado a la ultraderecha, haciendo suyo en gran parte su discurso populista. Y, por último, pero no menos sobresaliente, al aprovecharse de una izquierda dividida incapaz de contrarrestar la disyuntiva de libertad como privilegio y libertad como justicia social. 

Dado el éxito electoral obtenido por el PP en Madrid, nada hace pensar que dejarán de utilizar esta misma fórmula y estrategia en procesos electorales venideros y si la izquierda sigue ahondando en su fragmentación y no es capaz de encontrar un antídoto discursivo y programático a esa bandera populista de la libertad como privilegio enarbolada por el PP, a buen seguro, que resultados como el de Madrid se volverán a repetir.

Es cierto que hay un lamentable auge de actitudes fascistas reaccionarias que hay que seguir denunciando, pero en Madrid se ha comprobado que la arenga contra el fascismo como elemento movilizador no ha funcionado o, al menos, no en la medida esperada, por lo que este hecho debe ser objeto de una reflexión en profundidad. 

Hay que seguir insistiendo en la necesidad de una Unidad Popular diversa y no excluyente para que no se quede en una mera manifestación de buenas intenciones o, llegado el caso, que tan solo se plasme en una simple confluencia electoral con más o menos fortuna en cuanto a resultados, debe tener una traslación en lo político, en lo social y en lo cultural, de lo contrario, nunca llegará a esa mayoría social a la que se le está escatimando la justicia social con un concepto vacuo de libertad.

Para IU, la representación en las instituciones y la presencia activa donde se dan y se sufren los problemas no son ni deben ser considerados excluyentes, deben ir de la mano para con más garantía disputar a la derecha ese espacio que está ganando con su discurso populista.

El muy previsible adelanto de las elecciones autonómicas en Andalucía para el próximo otoño no debe entenderse como un problema, sino todo lo contrario, es la oportunidad para después de la oportuna y necesaria reflexión no volver a cometer los mismos errores. 

 

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