El pequeño tamandúa sin nombre.
El pequeño tamandúa sin nombre.

Han mordido a Yoli en la frente. Ha sido Pequeño, un capuchino adolescente que no tiene ni medio guantazo… pero es lo que pasa cuando haces algún gesto que ellos interpretan de mala manera. Si te pillan desprevenido pueden hacer cosas así. Ya lo viene diciendo Alex, que algunos capuchinos pueden ser muy cabroncetes (…y conste que no es porque le quieran arrancar la trencita, dice). Y como ella es una de las veterinarias de Parque Machía se apañó unos puntos de aproximación y listo. Alex la llama Yoli Potter porque le va a quedar en la frente una interesante cicatriz en forma de rayo, como a Harry. Y también porque ella es pequeña pero no hay quien la tumbe.

Es su primera herida de guerra… le quedará bien. Y si quedara señal, sería una excusa perfecta para contar historias a sus nietos o sobrinos… era una fiera de 85 kilos que me quería arrancar la cabeza, pero yo fui más lista que esa bestia, hija mía, y la engañé. Saqué un caramelo de fresa ácida y mientras el enorme bicho lo pelaba me escapé… O algo así.

Por cierto, cuentan que ya tienen un hijo. Es un pequeño tamandúa que llevaron a Parque Machía hace unas semanas. Los hombres venían contando que un árbol talado cayó sobre la madre y la mató, y que los campesinos salvaron al bebé que aún tenía el cordón umbilical…

El tamandúa es una especie de oso hormiguero de cola prensil que vive en los árboles de América del Sur. Se alimentan de hormigas y termitas, y así evitan que los árboles mueran por invasión de estas últimas. Dicen que hay tribus amazónicas que los tienen en sus chozos para que coman las termitas que destruirían sus casas… y así todos contentos. Pero están en peligro de extinción por las causas de siempre: porque la tala masiva de árboles —y la quema de bosques para formar campos de cultivo— va destruyendo su hábitat y también porque los cazan para comerlos, esa es la triste realidad. Además, usan los tendones de la cola para fabricar cuerdas… ¡como si no hubiera otras alternativas! En fin. Allí nadie cree lo que dijeron aquellos hombres. Lo más probable es que a la madre se la comieran.

Cuentan Alex y Yoli que se levantan de madrugada para darle de comer y que es muy complicado porque tiene una lengua muy larga y una boca muy pequeña; tan extremadamente pequeña que apenas le cabe el extremo de una jeringuilla. Solo Yoli ha conseguido la maña adecuada para que coma lo suficiente. Al principio le daban una papilla fluida a base de leche, huevo y frutas, y más tarde, cuando les llegó, le dan leche de gata.

¿Y quién es el figura que ordeña a la gata?— Se pregunta uno inmediatamente. Pero no es el caso. Por lo visto la leche de gata se comercializa en polvo. Y eso le daban al pequeño.

De todos modos, supongo que el tamandúa tendría que aprender por su cuenta a comer hormigas y termitas. Va ser difícil que sobreviva, pero ahí están… este tipo de cosas les llevó a la Amazonía. Aún no tiene nombre el pequeño tamandúa, y deberían ponérselo pronto porque este pequeño es único, y si muere, será mejor que lo recordemos por su nombre.

El tamandúa crecía y correteaba entre las piernas de Yoli, y chillaba que parecía un grajo, y cuando alcanzaba un zapato se le subía encima como si fuera su madre… que, a todos los efectos, lo era. Después de las primeras semanas —que le daban leche de gata con una jeringuilla cada cuatro horas (día y noche)—, consiguió beberla por su cuenta; y se subía a los árboles con cierta soltura. Se le veían buenas maneras en esas artes. Dormía en una caja, enrollado en una manta, a los pies de la cama de sus cuidadores. Pero son animales muy especializados y delicados. Era muy difícil. El pequeño oso hormiguero enfermó un día y murió en cuestión de horas… aún no tenía nombre.

https://youtu.be/kw1WWnFT9UI

El nombre es lo primero que nos diferencia y nos hace seres singulares e irrepetibles. Cada vida en el planeta es una joya... pero ¿cómo explicas esto a personas que no tiene asegurados los mínimos vitales? Los esfuerzos que hacen todos en Parque Machía merece la recompensa de tener éxito. Con muy pocos medios y mucha voluntad se esfuerzan jóvenes bolivianos, la pareja de españoles que seguimos en estos relatos y voluntarios de muchos países. Todos ellos aportan su tiempo, sus conocimientos y su buena disposición para salvar de la muerte y extinción al pequeño tamandúa, y a muchísimos animales amazónicos que se refugian allí, casi todos ellos heridos y maltratados.

Lo que hacen estos hombres y mujeres, en este mundo profundamente necesitado de valores, es un ejemplo a seguir.

Próxima historia: Cebo humano.

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