La imprudencia de Luisito: Alex y Yoli, un año en la Amazonía boliviana

Al final murió Luisito. Era muy pequeño y estaba tan débil que no pudo superar la operación; la primera en la que participaba Yoli como veterinaria.

Alex y Yoli, un año en la Amazonía boliviana.
Alex y Yoli, un año en la Amazonía boliviana.

Al final murió Luisito. Era muy pequeño y estaba tan débil que no pudo superar la operación; la primera en la que participaba Yoli como veterinaria. Luisito era un mono capuchino recogido por la Comunidad Inti Wara Yassi (CIWY) de Bolivia en Parque Machía. El pobre monito simplemente se había comido una cucaracha —cuestión de hambre, supongo— con el aparato digestivo infestado de larvas de prosthenorchis. En consecuencia, el pequeño Luisito acabó con sus tripas completamente atoradas de gusanos. Dicen los que saben de estas cosas que la única solución es la extracción quirúrgica de los gusanos… Yo por eso no soy de comer cucarachas.

Yoli se ocupa en la clínica veterinaria, y allí apaña el bienestar sanitario de los animales… y ya puestos, también es la encargada de coser los mordiscos que los monos pegan a los humanos, porque serán pequeños, pero sajan la carne como cuchillas. En la Amazonía boliviana pasa como en las películas del oeste, que el veterinario es el que cose las heridas de los malos. Me han contado que en ese campamento todo el mundo tiene algún mordisco de mono capuchino que, en opinión de Alex, son unos cabroncetes (aunque no todos, matiza) y lo dice con soltura, como el que está convencido de algo. Por ejemplo, el veterinario que estaba antes que Yoli se marcha con cinco mordiscos de capuchinos en el cuerpo. Sin embargo, casi todos los monos araña son unos encantos y se dejan acariciar como peluches.

Yo creo que hay algo personal entre los capuchinos y Alex… que se está dejando crecer la barba para ver si así impone un poco de respeto y lo reconocen como macho alfa. Porque, por el momento, se cachondean de él con total impunidad.

—Sí, sí… son muy listos los capuchinos, y muy cabroncetes también. Te lo digo yo, que me quieren arrancar la trencita—.

Se refiere a una trencita que lleva criando en la nuca desde hace diez años. Dice que se puso una gorra para taparla, pero los monos se la quitaron en cuanto entró en el recinto. Ahora dice que se va a hacer un moñito con la trenza a ver si así pasa desapercibida… Pero no sé, yo creo que como no conquiste pronto la posición alfa se la arrancan.

Yoli con los apacibles monos araña.

Al final no estuvo tan mal la cosa. La parejita recaló en Parque Machía, pero podían haber acabado en Ambue Ari o en Jacj Cuisi, otros campamentos de la CIWY pero con unas condiciones de habitabilidad, digamos, más sencillas… o sea, cobertizos comunales, viejas tiendas militares de campaña y un grupo electrógeno que funciona dos horas al día para recargar los portátiles (los móviles no hacen falta porque hasta allí no llega señal alguna). Y, por supuesto, con letrinas de las de toda la vida, o sea, una zanja improvisada en el suelo y una tabla que la atraviesa para colocar estratégicamente los pies y que la cosa caiga donde debe caer. Luego, cuando la zanja está medianamente llena, se tapa y se abre otra. Estas soluciones son viejas —servidor las ha usado mucho— pero funcionan bien y están muy experimentadas.

Eso sí… el campamento de Ambue Ari tiene un pequeño inconveniente: se inunda periódicamente y el agua llega hasta las pantorrillas. De todos modos, ya digo, se instalaron inicialmente en el campamento base de CIWY, en Parque Machía, un lugar estable y confortable comparado con los otros dos centros y, además, ubicado en el borde de la civilización.

(...y conste aquí mi admiración por el pueblo boliviano, explotado desde hace siglos, primero por los colonizadores y luego por oligarquía que detentaba el poder contra el indigenismo. Pueblo que, en detalles como este, ha sabido extraer la sensibilidad y la cordura para mirar su futuro con coherencia).

Los medios de habitabilidad pueden ser modestos, pero si ofreces cuanto tienes lo estás ofreciendo todo, y no hay mayor generosidad que esa. Eso pasa allí, en Parque Machía… que a pesar de las carencias es un lujo disponer de un refugio que respete la intimidad, con cama de paja prensada —aunque sea dura como una piedra—, con ventanas sin cristales, pero con mallas metálicas, aunque estén rotas… por cierto, que dice Yoli que por allí les entra todo tipo de bichos. Tienen una araña enorme que vive en una esquina de la habitación, dentro de un boquete, y a veces saca las patitas peludas por la puerta de la madriguera… pero las arañas son buenas porque comen insectos (incluso roedores), y de esos hay muchos. Es un refugio con ducha privada… y por el desagüe salen ranitas y salamandras. Es lo que tiene vivir en un sitio con tanta biodiversidad, que los bichos conviven contigo y hasta se alimentan de ti. Pero ya digo, cuando ofreces cuanto tienes lo estás ofreciendo todo y no hay mayor generosidad que esa. Por una parte y por la otra.

Siguiente episodio: Yoli Potter

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