El sitio donde te hablé

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Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, máster de Urbanismo en el IPE. Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; colaboro en Guía Repsol; y coordino la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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Se creó en 2015 una Mesa del Flamenco, de la que formo parte, que lleva meses sin convocarse, sin ser consultada por una Delegación de Cultura y Fiestas, que en materia flamenca, no es operativa ni siquiera para acordar la ubicación de un busto.

“Cuidad vuestro folklore y ahondad en él cuanto podáis” (Antonio Machado. Juan de Mairena Cap.XII)

Nota del autor: Para una mayor ponderación de la importancia del flamenco de Jerez, se recomienda leer el artículo maridado con una copa de oloroso viejo, una tapa de queso curado y escuchando el fin de fiesta por bulerías de Luis Moneo, cuyo título 'Plazuelero' cierra su disco 'Mi cante, mi palabra' (2017).

Este verso de una popular letra flamenca, usada principalmente en las bulerías, expresa un deseo, en voz alta, del cantaor que anhela, quizá, un reencuentro con la persona querida, tras larga y paciente espera, dentro del abanico de temas que aborda la lírica flamenca: vida, muerte, amor y desamor.

Hablando con mi abuelo Juan sobre la Fiesta de la Bulería —en su haber, 83 años escuchando cante de todos los estilos y colores— también percibo un poso de añoranza: “Recuerdo esas noches, allá por los años setenta y principios de los 80. La gente llenaba el sitio, ya fuera un cine, el estadio Domecq, el Villamarta o la Plaza de Toros. Los artistas, de primer nivel: Manuel Morao, el Chocolate, Terremoto, la Fernanda y la Bernarda…recuerdo haber visto a Dieguito, el futbolista, bailando de “durce”…siempre he dudado si Dieguito era “mejó” jugando  a la pelota o marcándose una pataíta, yo creo que empataba” remarca con la mirada un poco ausente, como recopilando momentos de su particular caja de la memoria.

“Te llevé con tu abuela, a no pocas Fiestas. Un año incluso con el carrito de bebé y una nevera. Nos daban las 5 de la mañana escuchando cante. Y sin sueño ninguno. Los artistas se peleaban por venir, y siempre, como te he dicho, estaba lleno a reventar. Eso ya se ha perdido, y hoy día a un cantaor le da lo mismo ya actuar aquí que en Pontevedra. Son otros tiempos, pero hay cosas que no deberían cambiar, y Jerez es una catedral del cante”

Como celoso amante del flamenco, me gustaría que retornara esa expectación, ese runrún previo entre el respetable —como si Rafael de Paula fuese a torear en una de sus contadas pero inolvidables tardes de gloria—, que existiera esa rivalidad bien entendida entre guitarristas, bailaores y cantaores, que ronearan entre sí, diciéndose: “Este año tengo la suerte de estar en la Bulería de Jerez”.

No voy a ser yo el que menosprecie el trabajo de los técnicos municipales ni de los gestores culturales de nuestra ciudad. Pero me da la sensación, de que en estos temas, se gestiona a destiempo y se trabaja, en ocasiones, instalado en la prisa y el desatino. No es admisible que las Bodas de Oro de nuestra Fiesta se presenten al público con sólo un mes de antelación. No se lo merece Jerez ni se lo merecen todas las personas que en 1967 impulsaron la Fiesta. Tampoco todo aquel que puede beneficiarse de una adecuada programación: los propios jerezanos (hosteleros incluidos) y los que visitan nuestra ciudad.

A mayor abundamiento, programar tarde tiene un gran inconveniente: turísticamente tiene poco impacto. ¿Cuántos festivales flamencos veraniegos se programan en los meses de julio y agosto por todo el territorio nacional? A modo de ejemplo, Lo Ferro, Las Minas en la Unión, y sí, frótense los ojos la Primera Fiesta de la Bulería de Málaga, a celebrar el próximo 4 de agosto en la Plaza de Toros de Fuengirola. Todos ellos a precios similares, con carteles de igual o superior calidad y con la playa cerca, o incluso a pie de la misma. La competencia es máxima.

Se creó en 2015 una Mesa del Flamenco, de la que formo parte, que lleva meses sin convocarse, sin ser consultada por una Delegación de Cultura y Fiestas, que en materia flamenca, no es operativa ni siquiera para acordar la ubicación de un busto

Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente. No podemos permitirnos llegar tarde. Ni a promocionar nuestro flamenco, ni a defender, por ejemplo, el archivo de incalculable valor de nuestro Centro Andaluz de Flamenco. No es lógico hacer, si es admisible el símil taurino, un Don Tancredo en estas cuestiones; más bien lo contrario, hay que coger el toro por los cuernos. En caso contrario, corremos el riesgo de quedarnos como el gallo de Morón: “zin pluma y cacareando”.

El Ayuntamiento de Jerez tampoco puede permitirse seguir desoyendo a los que verdaderamente tienen la llave y son los principales protagonistas de la Fiesta: los artistas. Se creó en 2015 una Mesa del Flamenco, de la que formo parte, que lleva meses sin convocarse, sin ser consultada por una Delegación de Cultura y Fiestas, que en materia flamenca, no es operativa ni siquiera para acordar la ubicación de un busto o una estatua a tal o a cual artista sin provocar el descontento entre las familias de los homenajeados. Se echa de menos en esta materia una mayor diligencia, que además es la madre de la buena ventura.

Como bien dice mi admirado José María Castaño…Si Salzburgo vive de Mozart…Los responsables del flamenco a nivel municipal deberían poder preguntarse ¿Qué modelo de Fiesta queremos? ¿Una Fiesta meramente local, o queremos traspasar fronteras? ¿Un evento más en nuestra, a veces, monótona y chauvinista programación de temporada o queremos darle a Jerez y a su flamenco el sitio que por historia y valores le pertenece?

Me inclino más por la segunda opción. Una vuelta, adaptada al siglo XXI, a los orígenes, siguiendo el espíritu de Juan de la Plata, firme defensor de nuestro patrimonio. Todo ello con el principal objetivo de que Jerez, por su importancia capital en el universo flamenco, recupere su sitio, ese sitio que un nostálgico cantaor pudiera de nuevo añorar... "el sitio donde te hablé/ganas me dan de volverme/echarme un ratito en él".

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