El silencio de Pablo ante los corderos

El líder del PP va dando tumbos entre la estridencia y el dejar que sea Álvarez de Toledo quien dispare los torpedos. Es una estrategia presidenciable que ya salió bien a Rajoy

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Pablo Fdez. Quintanilla

Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Comencé mi trayectoria periodística en cabeceras de Grupo Joly y he trabajado como responsable de contenidos y redes sociales en un departamento de marketing antes de volver a la prensa digital en lavozdelsur.es.

Pablo Casado, en una visita a una granja.
Pablo Casado, en una visita a una granja.

Pablo Casado comenzó la pandemia dando ruedas de prensa prácticamente en paralelo a las de Pedro Sánchez, cuando el presidente anunciaba las medidas más duras del estado de alarma. Su irrelevancia mediática entonces, además de alguna crítica procedente de voceros de los suyos, le hicieron cambiar de estrategia.

Ha vuelto a pasarle al líder del PP como cuando llegó a la dirección del partido. Sufrió el mismo proceso que Rajoy. Primero, animado por los sectores más duros, planteó un discurso duro. Lo hizo Rajoy entre 2004 y 2008. Lo hizo Casado, con una exposición mediática enorme, hasta las elecciones de abril. Para ambos, aquello fue muy paralelo. Rajoy, antes de ser maricomplejines para Losantos, fue un baño de excesos, manifestaciones contra el matrimonio homosexual. Para Casado, una pelea con el incipente Vox por decir la barbaridad más gorda.

En ambos casos, mejoraron sus resultados electorales cuando dieron un paso al lado y pusieron por delante de los micrófonos a personas que estratégicamente le hicieron bien. En el caso de Rajoy, se vistió de estadista y echó al fango a Cospedal y Sáenz de Santamaría. En el de Casado, Cayetana Álvarez de Toledo concurre en el papel de mediocampista de cierre, yendo al tobillo y sin problema de que, de vez en cuando, se le escape alguna locura. Es táctica dentro de la estrategia.

Ahora, tras unos primeros días de inoportunidad, trata de escapar de la exposición más negativa y trata de perfilarse como presidenciable. Y da paseos cada día por empresas que le abren las puertas para, desde allí, dar alguna declaración en la que subraye la tragedia económica que se le viene a España. Desde Vox y voceros de la derecha, oportunamente, ponen el foco en que este confinamiento no está justificado científicamente. Viene a ser lo que dice Trump, que no tiene poder (o políticamente no se lo arroga) para abrir los estados que van cerrando los gobernadores.

El silencio de Casado es el de dejar caer. El de esperar a que a la gente se le olvide que hace un mes estábamos asustados. El silencio de Casado es el futuro alegato de que es evidente que el PP lo habría hecho mejor porque no se la habrían colado con las mascarillas fraudulentas (que sí les han colado a la Junta y que poco más pudo hacer la consejería, porque como bien dice Jesús Aguirre, nadie estaba preparado para esto).

Da igual. Ensucia, que algo queda. Aprovecha que la gente no mira la hemeroteca. El silencio de Casado es el de los corderos a los que visitó esta semana en su tour empresarial. El silencio de Casado es el del futuro presidente del Gobierno. Llegará porque estamos ante una crisis peor que la de 2008 y ningún Gobierno la resistiría. Pedro Sánchez, probablemente, sobreviva a la crisis sanitaria, pero en ningún caso a la económica.

Es más importante lo que calla Casado que lo que dice. Que es poco ahora mismo. Para eso está Álvarez de Toledo. La política que, quizás, nunca llegue a ministra, pero que hará presidente a Casado al contentar a los más derechistas y pragmáticos que volverán de Vox al PP. Sólo hay un silencio que hace sombra al de Casado, que es el de Arrimadas. Sólo una descomposición total en el PP, alguna pérdida total de credibilidad, le puede dar alas a Ciudadanos. Su discurso ha sido el de un silencio forzoso después de aventurarse Rivera a competir en la derecha, como en aquella foto junto a Vox para llamar de todo al PSOE y forzar unas elecciones.

La carrera es la del silencio. Cuando llegue el momento, votaré por los corderos.

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