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"Lo que más resalta de la obra de Rafael Marín es su verosimilitud, al contrario del resto de los autores, pues hace que dudemos si el personaje realmente existió o no".

Posiblemente el personaje más relevante de la literatura española, después del Quijote, sea Don Juan. El primero que abordó esa relevante figura fue Tirso de Molina, con su obra El burlador de Sevilla y convidado de piedra. Después se sucedieron una larga lista de escritores españoles y, también, extranjeros, de la talla de Molière o Lord Byron, que tocaron el mito de Don Juan,  y hasta  se ha representado en la ópera con las partituras musicales de Mozart.  

Casi todos los que somos maduros recordamos la versión de Zorrilla, que, como una tradición, fue representada durante muchos años por la noche en la víspera de la festividad de Todos los Santos en la televisión o en teatros de un amplio mapa de la geografía española. Ante esto, Rafael Marín se ha atrevido a reinterpretar a esta celebridad con el peligro que eso conlleva, saliendo muy bien parado del trance, porque muestra  magníficamente prismas novedosos de la leyenda que la engrandece.

Lo que más resalta de la obra de Rafael Marín es su verosimilitud, al contrario del resto de los autores, pues hace que dudemos si el personaje realmente existió o no. Para conseguirlo, sitúa a Don Juan en un periodo histórico, glorioso para la historia de España, entre el reinado de Carlos I y los primeros años de la monarquía de Felipe II, como si fuese un hombre marcadamente renacentista que choca, en su decadencia, al final de la novela, contra la nueva moral que vendría más tarde a traernos el barroco, producto de la Contrarreforma.  

Destaca brillantemente  la antítesis entre esas dos épocas, una de librepensamiento, llena de colorido, epicúrea y voluptuosa, antropomórfica y racional, frente a otra más negra, dramática, mística e ilusoria, ceñida a una ética estricta y férrea, y con una estética más teatral. Marín nos brinda un magnífico y bien documentado repaso histórico del imperio español durante  la primera mitad del siglo XVI, desde 1520, con la guerra de los comuneros, hasta la batalla de San Quintín de 1557. Rememora con admirable maestría acontecimientos que sacudieron esa época como el saco de Roma, la ruptura religiosa de Enrique VIII en Inglaterra, el primer asedio a Viena por los otomanos, o la toma de Túnez y el desastre de la campaña de Argel, entre otros acontecimientos relevantes.

Además , es una obra muy  entretenida,  vitalista y dinámica y llena de tensión , apropiada tanto para mayores como  para gente joven,  donde se mezclan escenas de amor y de  desamor , de venganzas,  batallas, duelos y  muerte,  de intriga, y conspiración, de  infidelidad , engaño y lealtad , de inteligencia , sagacidad y fuerza. Todo ello aderezado con un lenguaje coloquial  de nuestro siglo que facilita su lectura  y le resta el artificio de muchas novelas históricas. El texto, al ser muy visual y poco complejo,  destaca por la gran expresividad de imágenes. Asimismo, el ritmo narrativo es musical, dulce y grave, basado en la primera persona, que empapa de serenidad el pensamiento del lector, como una música de fondo que lo amansa y dirige o, tal vez, una mano amiga que impide que las pulsaciones de nuestro corazón se aceleren demasiado, a pesar de que algunas secuencias sean propias de una excelente literatura de terror, ante cuerpos mutilados y despiadadas matanzas. Incluso, los personajes secundarios son magníficos, con una autonomía suficiente para desarrollar futuros relatos independientes que nos atraparían en su lectura.

En definitiva, una obra  tan buena, que no me extrañaría que dentro de poco la adapten al cine.

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