Jerezanísimo

Compra un jerezano por lo que vale y véndelo por lo que aparenta. Hay un punto de flema británica de todo a cien que pervive

Alberto Chicote, con el dueño del Mosto Tejero.
Alberto Chicote, con el dueño del Mosto Tejero.

¿De verdad te horrorizas y te llevas las manos a la cabeza con el programa de Chicote grabado en Jerez? Todos conocemos y hemos sufrido y diría que hemos imitado por repetición a ese personaje que hace de jefazo en nuestras vidas. Abundan en el ámbito rociero, taurino, flamenco, conservador, machista, ferias variadas, romerías y eventos de purísima jerezanía. En una vehemencia y con una solera amarga. Como el vino que está avinagrado.

Ehh... primo qué…, así llegamos a los sitios, como un elefante en una cacharrería. Príncipes de la provincia y creyéndonos que es por aquí donde se canta, se baila, se come y se alterna con mayor gusto. Mirándonos el ombligo. La verdad, es penoso, como lo es la insistencia en el aspecto cultural por parte de las instituciones de seguir fabricando estos clones de una pasta mala que llenan las calles desde un día en la Feria del Caballo hasta el viernes Santo. Te indignas con el trato a Jerez por parte de Chicote, evidentemente el programa tiene una trama exagerada y rimbombante pero si has sentido vergüenza ajena es por lo reconocible del asunto. Una cosa es ser un gentleman con conocimiento de causa, sin elitismo, algo que es maravilloso, y otra es hacer el payaso.

Por aquí hay un regusto en imitar esos papeles de gente sobrada, mala lengua, bajuna y vulgar. Un barroquismo ensayado ante el espejo, impregnado en el ADN. Por eso nos odian en la Bahía y la Sierra, doy fe de ello. También podríamos hablar de lo que cojean ellos. Pero no es cuestión de ponerse a diseccionar los estereotipos, que haberlos los hay y super reconocibles.

Compra un jerezano por lo que vale y véndelo por lo que aparenta. Hay un punto de flema británica de todo a cien que pervive, y si se llevara con la estética y el sacrificio adecuado, repito, siendo un caballero educado, cunde, de la otra forma es un horror. Mezclado con el alcoholismo, muy normalizado, severo y la necesidad de instalarse en un elitismo de traca, acabamos. Aquí, como el señor del programa de Chicote hay tres mil en una losa. Y me quedo corto.

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