El Gran Hermano chino

Francisco Romero

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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No soy muy flamenco yo, pero recuerdo perfectamente la anécdota que cuentan según la cual Mick Jagger, en un hotel de Londres, le pidió los calzoncillos a Camarón para ver si "se le pegaba algo". Tal era la admiración del líder de los 'Cantos Rodados' por la leyenda del flamenco (y de la música en general). Tampoco soy muy revolucionario y, aunque en mi etapa universitaria leyera algún libro sobre el guerrillero argentino, siempre he admirado más la estrategia del líder barbudo cubano que la pasión suicida e idealista de su camarada Che Guevara.

Supongo que la anécdota del cantaor isleño y el Rolling Stone se podría aplicar perfectamente al chino de Chiclana -no es ningún juego de palabras ni tampoco parte de la letra de 'Joselito'- que el otro día, según nos alertaba un tuitero, puso a la venta un parche con la efigie del Che 'Guevala' como si se tratara de 'Camalón'. No comparten pocas cosas ambos líderes juveniles: revolucionario cada uno en su campo, melena al viento y aire a o lo Jesucristo, muerte prematura... Y, por supuesto, fotografiados ambos por una cámara que los hizo inmortales y uno de los principales productos de marketing en pins, camisetas, etc etc.

Quiero decir que el citado oriental podría interesarse un poco por la cultura occidental, a ver si se le pegaba algo. Que no digo yo que el tío sepa ahora quién es el presidente del Eurogrupo, pero sí dos de las leyendas más conocidas de Occidente, sobre todo cuando mercadea con ellas y vive en Chiclana, al 'laíto' de la cuna de Camarón. Suponiendo que tenga cuenta en Twitter, podríamos esperar que aprendiera la lección. Cosa que dudo.

En cualquier caso, no pretendo hacerle ningún boicot a éste ni a ninguno de los ciudadanos del lejano Oriente, que han venido aquí para quedarse y que, aprovechando la crisis, están adquiriendo los locales más emblemáticos de Jerez: La Vega, el Gallo Azul, Camino del Rocío, Bodosky. En la mayoría de ellos cuentan con cocineros de la tierra y se puede degustar un buen surtido de tapas de la tierra, pescaíto frito y los más puros caldos de la zona. De hecho, ya en un artículo anterior vaticiné que no me extrañaría que en un futuro contáramos con un alcalde chino, igual que en EEUU tienen un presidente negro y en el
Vaticano un Papa argentino.

Lo que no he podido evitar es recordar la anécdota de aquél vecino de ojos rasgados que, en un momento de paroxismo en plena fiebre amarilla inmobiliaria, quiso comprar el Parque de Bomberos de Jerez. Todo se debió a un equívoco, ya que esta suerte de Turronero chino vio una pancarta en la que los trabajadores del Consorcio decían que el Parque estaba "en venta", en clara protesta contra la Diputación provincial. Teniendo en cuenta lo dicho, espero más responsabilidad por parte de la plantilla municipal jerezana, o al menos cautela, cuando utilicen metáforas o hipérboles de este tipo, como Aguas de Jerez está en venta. El Gran Hermano chino nos espía con sus ojos rasgados.

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