Vista aérea de un viñedo en Conil. FOTO: JUAN CARLOS TORO
Vista aérea de un viñedo en Conil. FOTO: JUAN CARLOS TORO

Me he quedado perplejo con el artículo que ha publicado Antonio Aguilera en este medio; artículo muy desafortunado, tanto por su contenido, como por su estilo y título, ese Muera el ecologismo tremendista.

Y lo escribe con pleno conocimiento de la falsedad de sus acusaciones, ya que nos conoce bien; coincidimos en campañas y plataformas de carácter medioambiental, y es secretario de una Fundación cuyo presidente es Paco Casero, socio de Ecologistas en Acción, que ha sido parte fundamental en promover ese ecologismo social contra el que arremete.

El movimiento ecologista andaluz, y muy especialmente el que está integrado en Ecologistas en Acción, ha cambiado políticas y mentalidades en Andalucía. Hoy no se entendería la política y la conciencia medioambiental sin el trabajo constante y riguroso de los ecologistas.

Los ecologistas conseguimos cambiar una política forestal dedicada a fomentar las plantaciones de eucaliptus por otra basada en la defensa y uso sostenible del bosque mediterráneo, objetivos plenamente aceptados en nuestra sociedad. Los ecologistas fuimos promotores del Plan Forestal Andaluz, plan pionero que tuvo un amplísimo respaldo social e institucional. 

Cuando en Andalucía no había ni una sola depuradora, promovimos una campaña para poner el marcha el Plan de Recuperación del río Guadalete. La intensidad de nuestras acciones y el amplio respaldo social consiguieron que el Guadalete fuera la primera cuenca del país en depurar las aguas residuales. Hoy nadie pone en cuestión que las aguas que se usan, se depuran.

Fuimos pioneros en promover la recogida selectiva y el reciclaje de residuos. Paramos la política de incineradoras y algunos macrovertederos. Hoy está plenamente asumido el reciclaje y la economía circular. La primera experiencia de economía circular en Andalucía se está desarrollando en la Sierra de Cádiz con nuestra activa colaboración.

No existiría la actual red de espacios naturales sin nuestra entusiasta participación. Sin los ecologistas, Doñana tendría una carretera costera y todo el litoral desde Matalascañas a Mazagón estaría urbanizado. ¿Quién defiende ahora esto? Hubo una época que sólo nosotros. Hemos ampliado apoyos sociales, hemos conseguido cambiar leyes para proteger Doñana…

Y desde luego el tsunami del ladrillo hubiera tenido consecuencias más devastadoras aún sin nuestra oposición a la especulación y corrupción urbanística. En tiempos muy difíciles, fuimos los únicos; y de esta soledad nos enorgullecemos. Otros callaron y consintieron. Hoy la mentalidad también ha cambiado; lo que antes eran reproches porque íbamos “en contra del desarrollo”, hoy son apoyos generalizados cuando conseguimos paralizar el Algarrobico o la macrourbanización de Valdevaqueros. Y somos la referencia social rigurosa y ética en estos temas. 

Y lo mismo se podría decir de las energías renovables, de la movilidad sostenible, de la agroecología, de la pesca… mucho están cambiando las cosas en estos ámbitos y algo tenemos que ver.

Lo que Aguilera llama mensajes  “apocalípticos”, son previsiones científicas que han sido sobrepasadas por la realidad. ¿Nos teníamos que haber callado como quien pretende ocultar una pandemia?   ¿Que damos miedo? ¿Por decir que estamos en un planeta que está agotando sus recursos? Eso no es una amenaza, es reflexión y conocimiento. A la gente no hay que ocultarle la realidad, pero hay que darle salidas a esta deriva hacia el desastre y, dentro de nuestras posibilidades, lo hacemos. ¿Damos miedo al pedir aire, ríos y mares limpios, bosques conservados, ciudades para vivir, frenar el crecimiento desmesurado e inviable, fomentando el valor de los cuidados, poner la vida de las personas y del Planeta en el centro de todo? Este es nuestro mensaje. Si es amenazante, entonces también lo es el informe de la ONU sobre Biodiversidad y el Panel de expertos sobre Cambio Climático. A los únicos que le podemos provocar cierto miedo con nuestras movilizaciones, denuncias o recursos legales es a los especuladores urbanísticos, a las empresas mineras esquilmadoras, a los políticos corruptos... La opinión de la sociedad andaluza sobre los ecologistas la refleja anualmente el Ecobarómetro, y no tiene nada que ver con la percepción subjetiva (¿malintencionada?) de Aguilera.

Se nos puede criticar, y agradecemos las críticas que hacen mejorar nuestra actividad, pero lo que pretende Aguilera es desacreditar al ecologismo. No se entiende que se aproveche el Día Mundial de Medio Ambiente para atacar a los ecologistas, en vez de criticar a los grandes empresarios, especuladores y financieros sin escrúpulos que esquilman el mundo. Un poco raro.  

Y no se entiende la lista de improperios que nos lanza: que “alentamos a las masas a penurias colectivas”, o ser culpables “de haberse  perdido la guerra contra los combustibles fósiles y la urbanización masiva”; especulación urbanística a la que justifica asegurando que era “para mejorar el presente”. Y lo dice cuando la sociedad comienza a asumir la descarbonización; cuando la conciencia ecologista se expande a nivel mundial, y cuando se han desarrollado movilizaciones masivas contra el cambio climático. Pero Aguilera no se ha enterado.

Y desde luego es inadmisible esa imputación de que tenemos “rasgos de ideología supremacista”, un concepto que remite a la corriente ultraderechista vinculada a ideologías racistas en USA. ¿De verdad el sr. Aguilera piensa que somos supremacistas? Defender ideas y opiniones, aunque sea con intensidad y vehemencia, y en ocasiones con desacierto, no tiene nada que ver con el supremacismo.

Aguilera quiere convencer a los poderes que dominan la economía de los cambios necesarios; nosotros queremos convencer y movilizar a la sociedad para cambiar la economía y nuestra relación con el medio ambiente con el objetivo de conseguir un mundo más justo social y ambientalmente.

Por último, habría que recordar a quienes atacan a los ecologistas que todo nuestro trabajo es altruista y desinteresado, y que actuamos siempre con absoluta independencia de poderes políticos y económicos. Por esta lucha desigual hemos sufrido todo tipo de represalias.

Vienen tiempos en los que las alternativas ecologistas van a ser fundamentales en la transición a la que, sí o sí, está abocada la Humanidad, si no queremos llegar a ese futuro apocalíptico que nosotros, ni hemos inventado ni deseamos.

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