Una manifestación en un 8 de marzo en el pasado.
Una manifestación en un 8 de marzo en el pasado.

La igualdad entre el hombre y la mujer va mucho más allá de lo que diga una ley. La desigualdad resulta indudable cuando se comprueba cómo aún hay menor presencia de mujeres en puestos de poder en nuestra sociedad, tanto en lo público como en el sector privado. Este mundo actual es menos de hombres que hace medio siglo, claro, pero sigue habiendo menos mujeres directivas, menos presidentas, menos candidatas a presidenta...

Y no solo hay que irse a esa infrarrepresentación en altas esferas, sino también en algo que nos resulta más cercano: en España, por cada cuatro mujeres que piden una excedencia laboral o reducción de jornada vinculada a cuidados de hijos o dependientes, solo hay un hombre. La proporción es 80-20. Podrían ponerse más ejemplos con solo explorar un poco las estadísticas, como salarios, niveles de renta, propiedades, riesgo de pobreza...

Todos estos casos no son más que síntomas de una problemática evidente: las condiciones en que hombres y mujeres desarrollan su vida en los países occidentales son diferentes, siendo por lo general más difícil para la mujer por serlo. En el ámbito laboral, en el hogar, a la hora de abordar sus roles en las familias, en las cargas diarias, en la cultura en que se desarrollan... Hablamos, claro, de tendencias, no de circunstancias particulares, porque como todo fenómeno sociológico, también pueden encontrarse ejemplos contrarios que no desmienten ni desacreditan la estadística general. 

Si nos vamos a países fuera de nuestro entorno cultural inmediato, podemos comprobar cómo las desigualdades entre hombres y mujeres son aún mayores. Y cómo esas dificultades son además impedimentos legales o religiosos, desigualdades que son auténticas amenazas contra la integridad física, peligros para quienes desafíen las reglas establecidas, el machsimo institucionalizado. Vivimos en un mundo donde los derechos de las mujeres y de los hombres, y las oportunidades que nacen de esos derechos, son aún diferentes. 

Y, sin embargo, estando vigente aún esa demanda de igualdad, el feminismo hoy recibe más rechazo entre la población española que hace un lustro. Lo dice el Barómetro Juventud y Género 2025 elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud. Alrededor de la mitad de los jóvenes afirma que el feminismo es una herramienta de manipulación política. Solo un tercio de los jóvenes varones considera que existen desigualdades elevadas entre hombres y mujeres. Son cifras de retroceso frente a ese mismo estudio años atrás.

También afirma ese estudio que los jóvenes son más celosos y controladores que el total de adultos en España. "En torno al 11,7% interpreta los celos como prueba de amor (22,9% en jóvenes) y un 20,9% cree que se debe saber dónde está la pareja en todo momento, frente al 31% de jóvenes", señala el resumen del citado estudio. Es decir, que en paralelo a un descrédito del feminismo entre la juventud, afloran conductas machistas y tóxicas entre las parejas, tendencias al control del otro. 

Por eso, si bien estamos en un momento histórico de mayor avance en igualdad, pues los logros respecto a generaciones anteriores son evidentes, paradójicamente el feminismo se convierte en tan necesario como antes porque han surgido nuevas amenazas, con tintes reaccionarios ante esos mismos avances logrados. 

Llegan tiempos en los que decir "soy feminista" pasará a estar mal visto, parece, si es que ese tiempo no ha llegado ya. Por eso, quienes se mantienen en estos principios de lucha por la igualdad deberán manifestarse en todo ámbito públicamente y desafiar a esta nueva hegemonía que viene, que se impondrá cuando la actual juventud llegue a adulta, salvo que se se produzca un cambio de tendencia. Habrá que seguir reivindicando en todo foro y frente a toda manifestación del machismo, y deberán implicarse tanto mujeres como hombres: en el grupo de whatsapp por el que se recibe un contenido insultante para la mujer; en la familia que intente normalizar que es ella la que debe hacerse cargo de las tareas de cuidados por el simple hecho de ser la mujer...

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