Los megaincendios, otra cara del cambio climático

Con características propias, la tragedia de Chile se suma a las catástrofes de países como Canadá, Estados Unidos o Australia, causadas por fuegos de última generación que tanto proliferan en la última década

Megaincendios. Puesto de mando avanzado durante el fuego de Chile.
Megaincendios. Puesto de mando avanzado durante el fuego de Chile.

Más de 120 muertos, casi 5.000 personas damnificadas, 15.000 viviendas afectadas, 43.000 hectáreas arrasadas, calor extremo, introducción de especies de árboles foráneas... Esos son los datos y las causas de un nuevo mega-fuego, que en este caso ha arrasado distintas zonas de Chile, sobre todo en Valparaíso.

Se trata de un incendio más de los considerados de quinta generación –algunos expertos hablan ya de incendios de sexta generación, los que atacan de una manera que recuerda a la reproducción de los virus–, de los que se vienen sucediendo en el planeta a lo largo de la última década. Se trata de incendios que están en mente de todos, caso de Canadá, Estados Unidos, Australia, Portugal, Grecia e incluso, hasta cierto punto, el de la isla canaria de La Palma el pasado verano, incendios que arrasan miles y miles de hectáreas porque liberan una gran cantidad de energía que termina creando una especie de microclima en su interior, es decir, el incendio, en su avance, se va retroalimentando a sí mismo, haciendo prácticamente imposible la acción efectiva de los bomberos, que lo único que pueden hacer es plantear una estrategia defensiva. 

Los expertos culpan, en buena medida, a la influencia del cambio climático en la proliferación de estos incendios –calor, sequedad del ambiente, viento– pero también a decisiones erróneas de los seres humanos y sus autoridades en sitios y momentos muy concretos, como la plantación de especies arbóreas inadecuadas, en busca de un rendimiento económico rápido, o la construcción de viviendas en sitios también que no son los más apropiados.

En lo que a España se refiere, los estudios realizados apuntan al aumento de las olas de calor, acompañadas de mayor sequedad en el ambiente cuando el causante directo es la entrada de aire sahariano, pero también confluyen los aspectos citados en cuanto a la masa forestal y la vivienda, lo que hace que aunque solo sean un 1%, estos incendios sean un gran peligro.

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