La guerra de Irán cumplía este pasado sábado cinco semanas, arrojando al mundo a un nuevo tiempo. Es difícil hacer predicciones sobre las consecuencias que tendrá en el tablero geopolítico. Donald Trump es deliberadamente imprevisible: su táctica es el caos.
Eso que se llama 'los mercados' están reaccionando cada día según la última declaración del presidente estadounidense: cuando parece posible que sus tropas intenten un avance por tierra para hacer caer a los ayatolás, la reacción es de contracción; si promete un final rápido, llega la expansión. La única certeza sobre índices bursátiles es que por su volatilidad han dejado de ser indicadores reales sobre la situación económica de los países y las empresas.
Estos índices (llámese Ibex 35, S&P 500, Dow Jones, DAX, Euro Stoxx) parecen cada vez más despegados de la realidad económica de la gente. Porque en la calle, en el mercado -distíngase de los mercados-, la sensación es de que la vida se va a volver cada vez más difícil.
El Gobierno de España ha sido uno de los primeros en reaccionar con otro escudo social, una nueva versión adaptada a lo que ya está ocurriendo, el alza de los precios de los combustibles, que por su naturaleza, lógicamente, afectan a toda la cadena de producción y provocan que casi todo sea más caro. Eso repercute indirectamente incluso en lo que no se produce ni transporta con petróleo, porque singifica un empeoramiento de la salud de la economía global.
Y cinco semanas después, a pesar de los 5.000 millones anunciados por el Gobierno de España para activar ayudas, parece que esa cifra se quedará corta. Si las cosas no cambian, la mera sensación de inestabilidad afectará a todos: ciudadanos, empresas y administraciones. Si además acabamos en los peores escenarios, las consecuencias serán enormes.
Ese peor escenario pasa por situaciones como que la guerra se alargue, que el combustible siga encareciéndose, que las tensiones se precipiten y los países occidentales decidan armarse como nunca antes, que Estados Unidos intente resolver sus problemas con más aranceles a sus teóricos socios en el futuro...
De ser así, estaremos ante una crisis económica creada artificialmente, en un contexto en el que el mundo ya previamente afrontaba retos generacionales como la implementación de la IA, y con problemas como el colapso de muchos servicios públicos y crisis de vivienda, no solo en España sino en toda Europa.
Ante esto, ya vemos cómo el combustible empieza a acercarse al precio que ya tenía antes de que se pusiera en marcha el escudo social que incluía rebajas fiscales en las gasolineras. No es ya que resulte insuficiente, es que si la situación sigue como va en la actualidad, no habrá medida pública que pueda impedir que nuestras vidas sean cada vez más difíciles. Una nueva crisis, que se suma a las dos anteriores, las de 2008 y 2020 (esta además empeorada por la guerra en Ucrania) y de las que en realidad nunca nos llegamos a sobreponer.
