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Ayer por la tarde, el centro de Jerez bullía y no era por el espectáculo de la Patrulla del Águila ni por el de la caravana motera.

Ayer por la tarde, el centro de Jerez bullía y no era por el espectáculo de la Patrulla del Águila ni por el de la caravana motera. Era por una actividad protagonizada por colectivos que pocas veces tienen la oportunidad de expresarse en las plazas de nuestra ciudad: me refiero a la V Feria de la Ciencia en la Calle, que saca de las aulas y de los laboratorios, una vez al año, a adolescentes, profesores e investigadores, con el fin de compartir con los ciudadanos los frutos de un trabajo educativo que va mucho más allá de lo que queda expuesto en forma de objetos en cada una de las casetas.

Actividades como esta, siendo nada lucrativas, dejan sin embargo duraderos beneficios en Jerez, en la medida en que contribuyen a cultivar ciudadanos más conscientes del mundo y de su papel en el mundo. Paseando por el Arenal era fácil dejarse contagiar por el entusiasmo de los participantes, en un entorno muy bien cuidado. Me alegró comprobar que había flores, árboles y hortalizas presentes en muchas de las casetas, ya sea al natural, en cestas y pequeños viveros, o en imágenes impresas en murales, haciéndose patente una preocupación medioambiental que parecía funcionar como elemento vertebrador de toda la Feria.

Un stand llamó particularmente mi atención, dedicado a la misión espacial en Marte y al proyecto utópico de “terraformación” de ese planeta. En un cartel podía leerse que, tras un proceso de creación atmosférica, se sucederían dos fases de fabricación de un ecosistema sostenible —ecopoiesis—, la primera destinada a la siembra de vida microbiana y la segunda al cultivo de plantas, como paso previo al desarrollo de vida animal y humana.

Me pregunté qué cultivos y, con ellos, qué modelo de cultura, habrán previsto los ingenieros planetarios llevar a Marte, acordándome de esa cita de Chomsky que dice que, si hubiese un observador en ese planeta estéril, probablemente estaría muy asombrado de que los humanos hayamos podido sobrevivir tanto tiempo en la Tierra. Entretanto, a unos 400 metros del stand donde me encontraba, en un jardín de la calle Barja, tenía lugar una jornada pública organizada por Izquierda Unida Jerez para debatir sobre qué modelo de cultura queremos, no para Marte, sino para el futuro inmediato de nuestra ciudad. Creo que es por aquí por donde es urgente empezar antes de soñar siquiera con la ecopoiesis.



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