Imagen de un centro de menores.
Imagen de un centro de menores.

Se multiplican los llamamientos a acoger a niños ucranianos, y es una iniciativa muy loable, y ojalá se extienda el “virus” de la solidaridad. ¿Qué podemos hacer si no acoger con los brazos abiertos a la infancia desprotegida?; es nuestro deber moral como humanos. Pero...

En la provincia de Cádiz, sin ir más lejos, tenemos a unos 200 menores inmigrantes en centros de protección de menores esperando a ser acogidos o adoptados por alguna familia de aquí... y nada. Son nuestros MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados), algunos llegan ya años aquí, y los hay de todas las edades. También muchos huyen de guerras, o de esa otra guerra de la pobreza extrema. Esos que muchos medios de comunicación, a base de desinformar, ha estigmatizado y demonizado. Los hay de todas las edades y de muchas nacionalidades, pero tienen una mala suerte tremenda: no son ucranianos, algo que en estos momentos les vendría de perilla.

Qué triste es ser menor extranjero y que los focos de las cámaras no te enfoquen. O peor aún, que los mass media te señalen como peligroso y delincuente.

Hace 4 años en mi familia decidimos realizar un acogimiento familiar de un menor guineano. Tuvimos que hacer un curso organizado por la Junta de Andalucía para las familias acogedoras que en nuestra provincia se habían ofrecido a recibir a un chico o una chica en sus casas como uno más. En el curso participábamos padres y madres de 20 familias que querían hacer esa formación para conseguir la idoneidad necesaria para realizar el acogimiento legal. De esas 20 familias, la única que quería acoger a un menor extranjero era la nuestra. Una de 20.

No sé, pero algo funciona mal en esa solidaridad selectiva que se mueve por oleadas mediáticas, y que conmueve a la gente que mira mucho a las pantallas pero no quiere mirar alrededor. Los tenemos aquí al lado, en nuestros pueblos y ciudades: son niños marroquíes, guineanos, senegaleses, malienses, argelinos... da igual de dónde sean, todos merecen protección y a todos les asisten los derechos de la infancia. Aunque se me está ocurriendo una solución: que digan que son ucranianos. A lo mejor tienen suerte y consiguen un poco más de atención.

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