Tiempos líquidos

Pasamos por la vida sin profundizar, deslizando el dedo índice una y otra vez, eligiendo a qué merece la pena dedicar unos segundos más, concluyendo probablemente que a casi nada

Una imagen del centro de Jerez.
15 de abril de 2026 a las 09:44h

El filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, en su ensayo de 2003 Amor líquido, afirma que “en los compromisos duraderos, la razón moderna líquida ve opresión; en el vínculo estable, ve dependencia incapacitante”. Ha habido compromisos duraderos impuestos por las circunstancias, por una sociedad aferrada a principios demasiados rígidos; han existido vínculos estables que eran, en realidad, una relación de dependencia y sometimiento. Puede que estemos asistiendo a la reacción frente a esa falta de flexibilidad. Pero no solo eso.

Ocurre que pasamos por la vida sin profundizar, deslizando el dedo índice una y otra vez, eligiendo a qué merece la pena dedicar unos segundos más, concluyendo probablemente que a casi nada. En el tiempo de la sobreestimulación constante es difícil encontrar algo que de verdad atraiga nuestra atención, que nos interpele y nos motive. Sin embargo, aún existen millones de personas capaces de contemplar una obra de arte sin mirar el móvil, de deleitarse con una composición clásica sin tiempo límite y, lo que resulta más importante, de construir relaciones basadas en el interés común, de mirarse en otras personas, de sostenerlas y dejarse sostener por ellas, de descansar en otro ser humano, haciéndole saber que puede hacer lo mismo en nosotros. Las asociaciones culturales, sociales, educativas, deportivas son una buena muestra de ello.

Una sonata de Mozart.

Nos cansa una vida de la que no somos protagonistas en absoluto, que se decidió sin nuestra opinión y en la que resultamos totalmente  prescindibles, peones fácilmente sustituibles. Probemos a bajarnos, en marcha si puede ser; conquistemos tiempo de calidad para compartir con quienes deseemos; empleemos algún esfuerzo en ayudar a los demás (sin esperar que haya una catástrofe), cultivemos esa parte íntima, que va quedando oculta a medida que los años nos exigen ser productivos y encajar en el sistema hasta que nos aparte en la vejez.

Que el cansancio provenga de vivir, no de posponer la vida.

¿Qué cómo se hace? Si está leyendo este texto con plena atención, le habrá sugerido alguna idea. Ese es el primer paso.