La necesidad no se remedia con abalorios, ni hay maquillaje que llene el estómago. Hago esta reflexión al hilo de la tarea cultural que Ateneo Siglo XXI está haciendo en los barrios de Jerez. En ocasiones, hablar de cultura se antoja una ilusión, la propuesta de personas alejadas de la realidad, tal es el estado de abandono. Es como si al hambriento que tiende su mano pidiendo unas monedas, le leyésemos un pasaje de El Quijote o unos versos de Quevedo. Nos juzgaría como impertinentes y diría que nuestro comportamiento era un desprecio a su persona.
El pintor Fernand Léger afirmó: “Ser libre y, sin embargo, no perder contacto con la realidad, tal es el drama de esa figura épica llamada diversamente inventor, artista o poeta”. El artista normando defendía que el arte debía estar dotado de una cualidad pedagógica y regeneradora.
Entre la realidad y la libertad, nos movemos quienes amamos la cultura. A veces, volamos unos pies sobre el suelo, sin la atadura de lo cotidiano, ni la esclavitud de la miseria; otras, tropezamos estrepitosamente y nos arrastramos, hasta volver a elevarnos, un poco, solo un poco, ante la posibilidad de que unas palabras saquen brillo a lo que fue y por unas horas, no importen los desconchones en las paredes.
También la cultura puede actuar como una compensación de la realidad, una alternativa al abandono, un atisbo de dignificación sobre el que construir una vida mejor. Nos recuerda estampas, voces y protagonistas de otras épocas; los ojos se vuelven niños y se recuerda al afilador por la calle, la espartería, la verbena, las revistas en el kiosco, las noches al fresco en la azotea y la radio a todas horas. La vida corriendo calle abajo y la cultura devolviéndonos el sabor de lo auténtico.
El pozo parece seco, pero un rato de charla sobre el recorte de un viejo periódico, da agua para llenar otro vaso y burlar el olvido, erguirse frente a él o frente al mundo, retomar el hilo y vestirse con las raíces para continuar siendo en el escenario de la vida; dejar que la memoria fluya y seguir dando testimonio de la identidad del pueblo.
