El día de las madres
El día de las madres

La hipocresía y el blanqueamiento permanente que el patriarcado y su cultura machista hacen del desprestigio que practica hacía la mujer, tiene unos límites insospechables. 

A los hombres no importa lo machistas que seamos, y creo que cuanto más, mejor lo hacemos, se nos llena la boca alabando las virtudes de nuestras madres, felicitándolas con hermosos y cursis mensajes, algunos incluso con contenidos profundos y de una bella carga emocional, comprando y regalando hermosos ramos de flores, que en la mayoría de los casos ni siquiera hemos escogido porque nosotros no estamos para esas cuestiones, ni planteándonos siquiera si a ellas les gustan las flores, porque damos por sentado que sí, y si no es así, es que son unas desagradecidas.

El 2 de mayo un invento comercial para seguir explotando y marginando a las mujeres, los hombres somos los maridos, parejas, padres, e hijos, buenos y perfectos, a los que nos faltan palabras y nos sobran las lágrimas para agradecer todo lo que nuestras madres hicieron y hacen por nosotros

Pero si hacemos examen de conciencia, eso que a mí enseñaron los curas en el colegio, todas  nuestras buenas intenciones quedan en aguas de borraja y no son más que palabrería, porque seguimos siendo los mismos de siempre, incapaces de levantarnos para recoger la mesa, poner la lavadora, planificar la comida de la semana, conocer el número de zapatos de nuestros hijos e hijas, ceder espacios a nuestras parejas y madres, o renunciar a parte de nuestra vida pública para que ellas, las madres de nuestras hijas e hijos, puedan desarrollar la suya.

No sé los demás, pero yo cuando fui hijo, jamás hice nada para que mi madre pudiese dejar de ser nuestra eterna criada, y hubiese podido disfrutar de una vida mejor, son asignaturas pendientes que aún llevamos en las maletas.

Se supone que somos seres racionales que pensamos y nos damos cuenta de las injusticias, y por eso está en nuestras manos como hombres, como hijos, padres, compañeros, forzar la máquina de la historia para que el maltrato al que sometemos a las mujeres no siga sucediendo.

Pero parece que no, que preferimos seguir con estas falsas  tradiciones, comprando flores, subiéndolas a los altares, como las vírgenes imaginarias que nos gustaría que fuesen, solo al alcance de nuestros intereses y caprichos, mientras seguimos maltratando, violentando, y agrediendo al resto de mujeres.

Transcurrido mucho tiempo, pienso que me hubiese gustado celebrar el día de mi madre de otra forma, quizás haciendo en casa todo lo que no hice y que como hijo debería de haber hecho, y hoy como compañero y padre creo que la mejor forma de hacerlo es con mi participación activa e igualitaria junto a mi pareja (madre también), en todas las responsabilidades de nuestra vida en común y de la crianza, educación y acompañamiento de nuestras hijas.

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