Después del 3-F, aprendamos de Portugal

Es como si en un partido de fútbol un jugador se metiera un gol en propia puerta y después solicitara que no subiera al marcador

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Ex parlamentario y concejal del PSN-PSOE

Antonio Costa en su cierre de campaña en Portugal.
Antonio Costa en su cierre de campaña en Portugal.

Las elecciones legislativas celebradas en Portugal, han deparado una inesperada victoria del Partido Socialista de Antonio Costa, que ha conseguido la mayoría absoluta.

Podemos deducir que el electorado de izquierdas ha castigado con dureza, los palos en las ruedas que las dos fuerzas que apoyaban al gobierno socialista desde fuera, le han puesto en los últimos meses.

Este hecho visto desde nuestro país que ha llevado una praxis justo la contraria -un gobierno de coalición- supone un aviso a navegantes.

Al electorado de izquierda le gusta la colaboración entre las diferentes izquierdas, rechazando cualquier posición que signifique su debilitamiento y como consecuencia que la derecha se aproveche para acceder al poder.

Deberían tomar buena nota quienes aquí han puesto esos mismos palos en las ruedas, a cuenta de la rocambolesca aprobación de la reforma laboral el pasado 3.

Afortunadamente la suerte que aún sigue acompañando a Pedro Sánchez le ha salvado del abismo. 

En cualquier país democrático que se precie, esa aprobación tendría que haber sido un mero trámite en el que la política respetara un acuerdo social de envergadura.

Eso en un país donde la praxis política se escriba con mayúscula, pero no en el nuestro actualmente repleto de mezquindad y juego sucio.

Ese trámite que demandaba una ley de tanta importancia, que beneficia a millones de trabajadores y trabajadoras, se ha convertido en un verdadero esperpento y nos ha hecho enrojecer de vergüenza a todos aquellos que consideramos que nuestros políticos deben estar a la altura de las circunstancias.

Por el camino horas de negociación del gobierno de coalición de izquierdas, especialmente con el resto de grupos de la investidura.

ERC, Bildu y PNV han hecho oídos sordos a ese acuerdo, con el pobre argumento del “¿y de lo mío qué?”, obviando la importancia de desactivar las medidas más lesivas para los trabajadores, que puso en práctica el gobierno de Mariano Rajoy.

A esos tres partidos les corresponde dar la cara ante sus gentes, especialmente ERC en el que la mayoría de sus votantes están afiliados a los sindicatos firmantes.

En el caso de PNV y Bildu es más entendible por la presión que les han ejercido los sindicatos vascos ELA y LAB, celosos por haber sido excluidos de la negociación.

A pesar de ello PSOE y Podemos habían sido capaces de llevar hacia el sí a una amalgama transversal de partidos, de izquierda a derecha, desde Compromis y Más País, a Cs y UPN.

En este último caso con un cambio de cromos impresentable en el Ayuntamiento de Pamplona.

Eso conseguía que los números dieran para su aprobación, 175-174. 

Pero la ruleta del destino dio en el último instante dos giros rocambolescos, la traición de los dos diputados de UPN que han votado contra lo decidido por su partido y el error del diputado del PP, Alberto Casero.

¿La suerte que persigue a Pedro Sánchez desde su investidura, o esa ruleta del destino que ahora gira a su favor?

Pero centrémonos en esos dos hechos que confirman la decadencia de la política de por aquí.

Un diputado sale elegido en una lista elaborada por su partido y aunque el escaño legalmente le pertenece, éticamente no, se debe a las decisiones del partido que le llevó a ese lugar.

El señor Sergio Sayas ha traicionado esos principios y además ha mentido al asegurar que a pesar de no estar de acuerdo, aceptaría la decisión de sus superiores votando a favor.

La duda que surge es si ese cambio se ha producido en circunstancias parecidas al “Tamayazo”, e incluso si su cambio ya era conocido por el PP que lo guardaba en secreto, para con un golpe de efecto final dejar KO al gobierno.

¿A cambio de qué? ¿Prebendas, cuestiones económicas, puestos en el futuro? El tiempo responderá a esas preguntas.

La segunda cuestión es si cabe más grave, especialmente por el lamentable espectáculo que está dando el PP a raíz del error del señor Casero.

Es como si en un partido de fútbol un jugador se metiera un gol en propia puerta y después solicitara que no subiera al marcador. O si en unas elecciones alguien intentara abrir la urna para cambiar su voto erróneo.

Un voto telemático no se puede cambiar, como no se ha podido en las decenas de ocasiones en las que ha ocurrido. ¿O es que PP pretende tener un trato de favor?

Una política de regional preferente, desde la no aceptar el acuerdo social, pasando por el acuerdo espurio habido entre PSN y UPN de cambio de cromos, por la degradación de sus diputados en Madrid y finalizando por un PP enardecido provocando una tensión absolutamente innecesaria.

Y no vale en el caso de Pamplona que ahora se quiera rectificar apoyando la reprobación de Maya. Para que sea creíble ese movimiento se debería concretar a través de una moción de censura.

Mal Sayas y Adanero, mal Casado y Cia, mal PSN y UPN, mal ERC, Bildu y PNV. Una situación que confirma la decadencia de nuestra clase política que de nuevo no da la talla.

Menos mal que el gobierno, especialmente la ministra de trabajo que se ha dejado la piel en el empeño, los sindicatos y la patronal nos abren una vía a la esperanza.

Hoy es un día de claroscuros, ojalá que mañana sólo exista claridad. De momento sí es así para esos millones de trabajadores que se van a beneficiar de lo aprobado, aunque haya sido por un gol en propia puerta de los contrincantes que ha evitado un nuevo “tamayazo”.

¿Aprenderemos de Portugal? Ojalá.

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