Visitas en el interior de la Casa Consistorial de Sevilla.
Visitas en el interior de la Casa Consistorial de Sevilla.

Resulta imposible en estos días escapar de la dictadura vital que nos ha impuesto el omnipresente coronavirus. Toca, a golpe de anuncio oficial de las autoridades, replegarnos sobre nosotros mismos, reducir nuestro espacio vital hacia nuestro territorio más íntimo, hacer de los nuestros los interlocutores casi únicos de lo cotidiano y redescubrir la magia de aquel olvidado desde hace mucho tiempo hogar, dulce hogar, aunque sólo sea por puro ejercicio de supervivencia.

La vida, con esa cadencia que se repite muy de tarde en tarde, nos pone a prueba como colectivo humano una vez más, pero nos deja una rendija por la que escapar de esta especie de estado de sitio que se ha apoderado de nuestros hábitos y costumbres cotidiana arrebatándonos la calle como espacio de convivencia. Tiempo habrá para recuperarla, para volver a disfrutarla con todas nuestras fuerzas, para convertirla de nuevo en el epicentro de nuestro seísmo vital.

Mientras tanto la añoranza de lo que fuimos hasta hace pocos días se va apoderando de nuestro estado de ánimo de manera casi inconsciente, nosotros, que creíamos ser fuertes y capaces de remover cualquier obstáculo que se nos pusiera por delante, hemos tomado conciencia repentinamente y a una velocidad de vértigo de nuestra pequeñez ante el destino, han saltado todas las alarmas de nuestra vida complaciente y nos hemos encaminado resignadamente hacia los rincones más oscuros de nosotros mismos.

Pero ahora más que nunca toca vivir, toca proclamar que es tiempo de vivir y no de sobrevivir. Estamos en dificultades pero estamos vivos y seguimos siendo dueños de nuestra propia voluntad para seguir haciéndolo. La reducción de nuestro espacio vital no puede entenderse como castigo o como mal menor porque podemos estar a punto de descubrir que de puertas para adentro de nuestros espacios más íntimos la vida nos sigue sonriendo al tiempo que nos ofrece una oportunidad de recuperar lo que en muchas ocasiones perdimos por mor de nuestras ocupaciones y nuestro frenesí externo.

Aprovechemos este tiempo de desencuentro social para volver a encontrarnos con los nuestros, para saldar nuestras deudas afectivas con ellos y sobre todo ajustar cuentas con nosotros mismos porque eso mañana, cuando despertemos de esta especie de pesadilla, nos habrá hecho más fuertes y mejores personas. Salud y suerte en este viaje hacia este nuevo tiempo de vivir...

Archivado en:

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído