Susana Díaz y Pedro Sánchez, en una imagen de 2014.
Susana Díaz y Pedro Sánchez, en una imagen de 2014.

Parece que la necesidad de un cambio en el liderazgo del PSOE de Andalucía, que he venido planteando desde hace meses en esta misma columna, va tomando cuerpo a las claras en forma de lo que algunos llaman ya el “síndrome Iceta” en clara referencia al relevo producido en el socialismo catalán con el nombramiento del ministro Illa como candidato en las elecciones autonómicas del próximo febrero.

Tal vez el nombramiento de Illa puede haber sorprendido a algunos, pero para quienes conocen bien los mecanismos internos del Partido Socialista no ha resultado en nada sorprendente a raíz del conocimiento público que ha producido la gestión de la pandemia por parte del ministro catalán, casi con total seguridad la gran revelación de este segundo Gobierno de Sánchez por mucho que le pese a oposición de derechas. El relevo de Iceta por Salvador Illa estaba cantado hace ya meses y lo sorprendente hubiera sido que no se produjese.

El relevo en el socialismo catalán ha provocado fuertes movimientos tectónicos en el andaluz hasta el punto de provocar que lo que sólo era la punta del iceberg haya emergido en su inmensa totalidad. Hace días ya que nadie se oculta, al menos nadie de quienes tienen algo que decir en el futuro del socialismo andaluz, toda vez que Ferraz ha fijado para octubre la celebración del Congreso Federal del Partido en lo que será, sin lugar a dudas, la consolidación del sanchismo y su extensión homogénea por todas las Federaciones incluida la otrora poderosa del PSOE de Andalucía.

Vivimos en estos días una conjunción planetaria de declaraciones, encuentros públicos y filtraciones mediáticas que auguran una vez más que los cimientos del socialismo andaluz van a tener que soportar, como en algún tiempo pasado, sacudidas de nivel alto en la escala de Richter. A la avanzadilla de Felipe Sicilia se ha sumado ahora el batallón Gómez de Celis, muy proactivo y viajero en los últimos días, y la compañía de zapadores de Juan Espadas, hombre pacífico donde los haya a pesar de  su bélico apellido. Y para colmo de males para la actual Seretaria General andaluza la cumbre de responsables provinciales del Partido sólo ha servido para poner de manifiesto la fractura que vive la organización en cuanto a lealtades orgánicas se refiere.

Es verdad que todavía es pronto y que los meses venideros, o quizás las próximas semanas, pondrán al descubierto la verdadera magnitud de la zozobra que invade el corazón autentico del socialismo andaluz, que no es el de sus líderes actuales o venideros sino el de todos y todas los que creemos en un proyecto de izquierdas capaz de recuperar el norte de esta Andalucía entregada al dolce far niente de Juanma Moreno y sus socios naranjas y verdes, donde el buenismo pontifical del Presidente nos ha llevado a una tercera ola que amenaza con convertirse en trágico tsunami,  donde las expectativas de crecimiento económico se ven recortadas cada semana por los analistas y lo de culpar al otro, en este caso al Gobierno de España, se está convirtiendo en una coartada sin la más mínima veracidad.

Mientras tanto el síndrome Iceta se pasea por todo lo largo y ancho del Guadalquivir donde vuelven a oírse aquellas voces de muerte que Lorca inmortalizó en sus versos. Y al tiempo lo que de verdad importa a la ciudadanía, una expansión del virus a la velocidad de la luz o la subida ya histórica del precio de ésta, parece no importar a unos y otros con el consiguiente descredito para la clase política que sirve de abono a las disparatadas teorías conspiranoicas de la extrema derecha difundidas por igual por caducos trovadores que por profesores de filosofía anclados en el más profundo conservadurismo.

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