Siempre que llueve, escampa

Mal que le pese a los gobernantes de las chaquetillas reflectantes, tampoco en esto el hábito hace al monje

Juanma Moreno, en Jerez, con la alcaldesa, María José García-Pelayo, y el comisario europeo de Agricultura, Christophe Hansen, en una visita a una finca afectada.
21 de febrero de 2026 a las 09:07h

Valga este aforismo popular para darnos ánimos en momentos de tanta adversidad como los que hemos vivido en nuestra provincia y aún siguen viviendo en otros lugares de nuestro país. Parece que los cielos dejaron de castigar el desdén humano hacia las leyes de la naturaleza que rigen el equilibrio medioambiental pero mucho me temo que volveremos a vivir situaciones como esas en un futuro no muy lejano porque el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

Pero en estos últimos días el cielo muestra un azul radiante, las aguas corren de manera fluida y ordenada por todo tipo de cauces y el miedo ha desaparecido de los corazones de la gente de nuestros pueblos y ciudades, la normalidad aparentemente ha vuelto. Pero si duras han sido estas semanas primeras del nuevo año más duros van a ser todavía los próximos meses en los que toca recuperar lo perdido, reparar daños y lo que puede resultar aún más difícil abandonar de una vez por todas ese estado de ánimo que se ha apoderado de quienes han tenido que abandonar sus casas, negocios, ganados, en definitiva, una parte importante de su propia identidad como personas.

Pasaron ya afortunadamente los días en que los gobernantes de distinto signo y condición se empeñaban en vestir las ropas de los servicios de emergencias como si ello les confiriera una especie de heroicidad más propia de quienes durante las veinticuatro horas del día han arriesgado su propia vida e integridad física en el noble ejercicio de ser servidores públicos. Y es que, mal que le pese a los gobernantes de las chaquetillas reflectantes, tampoco en esto el hábito hace al monje.

 Y ahora, cuando el sol vuelve a lucir, las aguas vuelven a sus cauces y se lucha por volver a la normalidad, llega otra chocante batalla de cifras entre los gobiernos, la de los miles de millones que cada uno va a destinar a reparar las infraestructuras dañadas, a compensar las pérdidas económicas de agricultores y ganaderos, ayudar a la recuperación de la actividad socioeconómica y sobre todo conseguir que el día después de las familias que han perdido sus bienes y han visto dañadas sus viviendas no se convierta en un infierno.

Conviene que este día después terrible sirva también para reflexionar sobre la responsabilidad de los gobernantes de cualquier administración, desde el Gobierno de España pasando por la Junta de Andalucía, diputaciones y ayuntamientos, en trabajar codo con codo en la adopción de medidas contra el cambio climático y sean capaces de luchar también de manera clara y contundente contra la desinformación y los bulos de quienes lo niegan. La lucha contra el negacionismo es una clara obligación democrática cuyo incumplimiento garantiza desastres venideros.