Sánchez contra el algoritmo; Feijóo contra la verdad

Hay que reconocer que el gabinete de Sánchez, en materia de confrontaciones universales —sea la OTAN, Palestina o ahora las redes sociales y su uso perverso—, donde pone el ojo pone la bala

07 de febrero de 2026 a las 05:20h
Collage con Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez, rodeados de los efectos de la dana en Valencia y los logos de TikTok y X.
Collage con Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez, rodeados de los efectos de la dana en Valencia y los logos de TikTok y X.

En los últimos días, en los que tanto llueve y tanta gente sufre por las consecuencias de esos terribles temporales, parece haber pasado casi desapercibida la comparecencia de Núñez Feijóo en la comisión del Congreso sobre la dana y quizás también el anuncio de Sánchez del inicio de la batalla contra los caprichos de los tecnoligarcas y el uso delictivo del algoritmo.

El primero de estos acontecimientos, la comparecencia de Feijóo en la comisión de la dana, nos llevó a descubrir la cara oculta de la luna de la falsa moderación del líder del Partido Popular. Y es que, a poco que te atrevieras a ver un fragmento de esa comparecencia y fuese quien fuese el parlamentario con el que interactuaba el señor Feijóo, la soberbia era la nota dominante de la réplica del líder popular.

Una soberbia acompañada en ocasiones de la falsedad y en otras ocasiones del socorrido “yo he venido a hablar de mi libro”. Y conviene explicar ambas cuestiones para quienes puedan pensar que la discrepancia en las ideas pueda ser el humo que ciega mis ojos a la hora de enjuiciar el comportamiento de Feijóo en la citada comisión.

Algunos elementos que contribuyen a certificar lo primero, la falta de veracidad en sus respuestas, pueden ser su alusión a la falta de información por parte de los organismos estatales, algo que tanto la investigación de la jueza de Catarroja como la propia Audiencia Provincial de Valencia han desmentido de manera contundente; la afirmación de que el Estado no ha contribuido con un solo euro a carreteras, colegios o centros sanitarios, algo difícil de mantener a la luz de las obras acometidas directamente por el Gobierno de España como por los fondos facilitados a la Generalitat para sus necesidades; o lo que aún resulta más grave, como resulta el afirmar que se ha reunido con las víctimas que se lo han solicitado cuando desde el 14 de marzo la asociación mayoritaria de víctimas se lo solicitó sin éxito en Génova, de donde fueron expulsados por la Policía Nacional.

Y cuando la mentira no era suficiente soporte para su soberbia recurría a hablar de su libro, sobre todo del capítulo de ETA, tan de moda en las ikastolas ideológicas del Partido Popular. Dios nos libre de soportar algún día esa soberbia desde la presidencia del Gobierno de España, porque puede hacer bueno al vigente presidente de FAES y antiguo señor de la guerra.

El otro acontecimiento al que me refería, la enésima batalla de Sánchez, en este caso contra el algoritmo y sus multimillonarios propietarios, viene ocupando titulares no solo en el ámbito nacional sino también, y sobre todo, en el internacional, hasta el punto de que Elon Musk y Pavel Durov se han lanzado a una guerra sin cuartel contra el presidente del Gobierno de España tras el anuncio de la iniciativa legislativa para prohibir el acceso a redes a los menores de 16 años y penalizar judicialmente las responsabilidades a las que diera lugar el uso deshonesto del algoritmo en esas redes sociales.

Hay que reconocer que el gabinete de Sánchez, en materia de confrontaciones universales —sea la OTAN, Palestina o ahora las redes sociales y su uso perverso—, donde pone el ojo pone la bala, en esa estrategia de medio y largo plazo por fortalecer la imagen del presidente más allá de los dimes y diretes domésticos en los que a diario intentan sumergirlo las acusaciones de las turbas filofascistas que se quieren hacer oír.

Va a resultar que, en ocasiones, mal que le pese a la protectora de acosadores, España no es Madrid sino el mundo...

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