Enrique Ossorio, portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid.
Enrique Ossorio, portavoz del Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Entre tanta noticia alarmista con bombardeos indiscriminados, amenazas nucleares y estanterías de supermercados vacías, la crueldad humana ha encontrado su hueco estos días en la Comunidad de Madrid, el reino de taifas de Díaz Ayuso. Hemos conocido, por boca de su consejero y portavoz Enrique Ossorio, que en los dominios de la emperatriz madrileña, donde nunca se pone el sol de la estupidez humana, la condición de pobre lleva consigo el don de la invisibilidad.

Había publicado Cáritas el informe sobre la pobreza en esa comunidad con unas conclusiones terroríficas que a todas luces rompían ese espejismo virtual de Isabel en el País de las Maravillas. Recoge el informe un dato demoledor al tiempo que trágico y doloroso según el cual la pobreza ha aumentado cinco puntos, desde el dieciocho al veintidós por ciento en los últimos años, en las tierras de Ayuso. Al parecer al Gobierno de la emperatriz le ha gustado poco el contenido del informe tal como demuestra la respuesta cruel y grosera de su Portavoz Ossorio con la afirmación de que esos pobres no se ven por ningún sitio.

La estupidez de Ossorio, respaldada inmediatamente por la propia emperatriz, ha provocado la reacción social y política. Al parecer y a tenor de sus declaraciones entiende el millonario consejero que la pobreza hay que exhibirla en la plaza pública como acostumbran a hacer los de su clase con su impúdica riqueza. A Ossorio habría que decirle que no hay más ciego que el que no quiere ver ya que un paseo a pie por la principal calle del centro de Madrid, la Gran Vía, a primeras horas de la gélida noche madrileña le sacaría de su problema de visión y una visita a cualquier barrio madrileño un poco alejado del centro le llevaría a pensar que el Gobierno madrileño precisa de una visita colectiva al oftalmólogo.

Hasta el arzobispo de Madrid Carlos Osoro ha aparecido en redes sociales lamentando con diplomacia vaticana la crueldad y el desprecio hacia los pobres del Consejero y la emperatriz que sigue empeñada en hacernos creer que su realidad de ficción es la única que existe.

Y mientras en el Madrid de Ayuso el aparato de comunicación y propaganda sigue extendiendo esa imagen del mundo feliz, en el resto de España y del mundo la vida sigue mostrando sus perfiles más negativos. En Europa la invasión de Ucrania sigue confirmando que la locura de un gobernante es capaz por si sola de cambiar el rumbo de la historia como ya hemos comprobado en demasiadas ocasiones. La megalomanía de Putin pisa ya el terreno del genocidio y los crímenes de guerra mientras la economía mundial empieza a resentirse con subidas de la energía y los carburantes capaces de poner en jaque l modo de vida occidental, con gobiernos que improvisan sobre la marcha cuidados paliativos para el bolsillo de su ciudadanía expuesta más que nunca a los cantos de sirena de la extrema derecha.

Y en España, quizás por aquel viejo eslogan de Spain is different, una parte del sector del transporte ha decidido que este era el momento para plantear sus demandas con un paro que puede tener argumentos que lo justifiquen pero que ha adoptado formas poco entendibles por una buena parte de la ciudadanía que ve como la amenaza del desabastecimiento se cierne sobre ella. Convenía en este punto, más allá de las interpretaciones de unos y otros, recordar al Gobierno que una huelga del transporte, probablemente orquestada por la CIA fue el caldo de cultivo que llevó al derrocamiento de Allende en Chile. Son otros tiempos, es Europa, pero….  

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